Animación socio-cultural, Desarrollo Rural, Participación, Sociedad

La cultura como herramienta para fijar población rural

Conocer y valorar nuestra cultura hace que sintamos como propio nuestro pueblo y lo que sucede en él; hace que queramos quedarnos en él.

Entendemos por cultura todas aquellas manifestaciones materiales, espirituales e ideológicas que representan a una o varias personas y que las identifican como parte de un conjunto mayor de individuos. Es un bien exclusivo del hombre que iguala a todos los individuos, ya que todos podemos crearla, pero que al mismo tiempo nos hace diferentes, porque cada uno crea su propia cultura, aumentando así la riqueza del ser humano.
La cultura, en otras palabras, es la suma de todas las formas de arte, de amor y de pensamiento, que con el paso del tiempo han permitido a los seres humanos ser más libres.

Es ese vínculo invisible que une personas y expone formas de pensar y de vivir.

Cada cultura es especial, distinta y es esa diversidad lo que más nos enriquece. Y esto, trasladado al entorno rural, nos hace pensar en multitud de diferencias, peculiaridades, características, costumbres, modos y formas de vida y por lo tanto de personas que, debido a ellas o, gracias a ellas, se sienten unidas, seguras, con identidad propia, diferentes al resto precisamente por estas manifestaciones culturales, pero iguales también por el hecho de conocer que en cada rincón, en cada pueblo, se dan las mismas circunstancias.

Por lo tanto, las representaciones culturales como el arte, el teatro, la música, la literatura, el lenguaje y la religión, junto con los valores y creencias de una comunidad, forman su esencia y se manifiestan a través del estilo de vida de quienes pertenecen a ella.
Para los habitantes de entornos rurales es importante identificar estas manifestaciones culturales y ponerlas en valor puesto que les confieren una identidad propia y les ayudan a forjar el carácter, pero además les unen a las personas y el entorno en el que se desenvuelve su vida.

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La cultura nos une y nos da sensación de seguridad.

El idioma que hablamos, el arte, la literatura y el patrimonio del que estamos orgullosos, la gastronomía, las fiestas, las costumbres y tradiciones, juntos forman nuestra cultura, se convierten en una parte de la vida diaria e influyen en nosotros de muchas maneras. El entorno rural es un marco privilegiado donde estos valores se cultivan y protegen casi de forma natural. Vivir en un pueblo implica, casi desde la cuna, conocer su historia, sus tradiciones, el porqué de sus fiestas y costumbres, sus lugares emblemáticos, característicos, y saber “defenderlos”, mostrarlos, presumir de ellos.
Desde pequeña mi madre nos ha contado las “leyendas” de mi pueblo, el sentido de sus tradiciones, por qué el 15 de Agosto por la mañana la Virgen visita la Cruz de la calle con ese nombre. Recuerdo a mi abuelo, sentado al lado de la candela después de venir del campo, contándome una y otra vez cómo se molía en los molinos de agua, quién le daba la “llave” a quién, cómo se escondían de la guardia civil en aquellos tiempos en los que estuvo prohibido moler. Y así un sin fin de historias propias de aquí, de mi pueblo, de mi gente. Por supuesto estas historias se las cuento yo ahora a mis hijas, me preocupo de que conozcan qué son esos restos de piedra con “formas raras” dispersos por el pueblo, o por qué se quema romero el día 12 de junio en las plazas del pueblo.

Conocer y valorar nuestra cultura hace que sintamos como propio nuestro pueblo y lo que sucede en él; hace que queramos quedarnos en él.

Y, cómo decíamos antes, todo esta riqueza puede y debe ser expresada de forma “artística”, para poder mostrarla, pero también para hacerla más propia, más viva, más cercana, y sobre todo para unir a las personas, entre ellas y a su entorno; para enraizar gentes a sus pueblos, para fijar esa población que, tras encontrar un modo de vida, encuentra en estos valores el anclaje para quedarse, para hacer suyo el entorno en el que vive y que siente como propio.
Para esto las instituciones deberían encontrar el modo de ser agentes culturales. Se debe considerar el desarrollo cultural como verdadero motor del desarrollo económico y social y no como un lujo del que se puede prescindir. Y hubo un tiempo en que parece ser que esto se entendía o había fondos para llevarlo a cabo. Hoy en día se considera lujo todo lo relacionado con lo cultural, pero, por fortuna, han entrado en juego empresas privadas, como Alma Natura, a las que socialmente les preocupan temas tan acuciantes como fijar esta población rural que en temas culturales han sido abandonados o al menos sus habitantes puede que así lo sientan.

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Las empresas con fines sociales se preocupan de poner en valor la cultura de los pueblos para ayudar a fijar su población.

Jornadas patrimoniales, conmemoraciones de hechos históricos, cuentos tradicionales en marcos peculiares, funcionamiento de antiguas construcciones, folklore popular, canciones, poemas, retahílas, historias…infinidad de actividades que se pueden ofrecer a los habitantes de entornos rurales a través de manifestaciones culturales como la música, el teatro, el baile, el canto, etc. y todo ello a través de agentes culturales que, o bien sepan buscar quienes puedan mostrar estas peculiaridades a los habitantes de sus pueblos, o bien sepan hacerlos partícipes de actividades culturales propias en las que ellos mismos sean constructores y mantenedores de su historia y sus costumbres, pudiendo materializarse en aulas de música, talleres de teatro o escritura, corales, etc.
Con estas herramientas, que no es tan difícil conseguir, los mismos habitantes de estos núcleos rurales se acercan a su propia cultura desde otro punto de vista, más cercano, sintiéndola propia y a la vez con valor, se alejan del tópico que afirma que de los pueblos y sus gentes no puede salir nada que merezca la pena culturalmente. Ellos mismos se sentirán unidos y valorados en su entorno, muestra palpable de ello pueden ser los numerosos grupos de teatro aficionado, que de una u otra forma consiguen mantenerse en muchos pueblos y que ofrecen cultura de calidad a sus vecinos. Por fortuna participé de uno de estos grupos durante bastante tiempo y junto a otras personas di vida a otros colectivos dependientes de este primer movimiento teatral en Arroyomolinos de León; de todos ellos han surgido producciones y uniones de personas que se han valorado dentro y fuera del municipio, además de, gracias a las redes sociales, atraer y mantener en cierto modo unidos a su pueblo, a aquellas personas que por una u otra razón se marcharon y en estas manifestaciones culturales se sienten más cerca de sus orígenes y en algunos casos incluso los animaron a volver y buscar aquí un modo de vida que les hace sentir parte de algo, parte de su tierra y de su gente.

La cultura invita a echar raíces, a quedarse en el lugar del que te sientes parte.

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Foto Destacada: pexel.com

Comentarios

Antonio Cuaresma dice:

Magnífico post, Isa, Enhorabuena! Lleno de verdades no solo pensadas sino ejemplificadas y vividas en primera persona… Si alguien me pregunta alguna vez ¿Que por qué es tan importante la cultura? le redireccionaré para que lo lea.

Muchas gracias Antonio! Tú sabes que la cultura siempre ha estado presente en mi modo de vida y que de ella me he alimentado, espero que, entre todos, no la dejemos morir totalmente. Nuestros pueblos necesitan este impulso y mantener vivas sus raices culturales. Un beso y gracias otra vez por tus palabras y tu consideración.

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