Desarrollo Rural, Educación

Orgullosos de la escuela rural

Niveles agrupados, supuesta baja calidad educativa, etc. los colegios públicos rurales son en realidad una oportunidad única para una educación de calidad.

El acontecimiento más importante del mes de septiembre es sin duda el comienzo de un nuevo curso escolar. En el entorno rural las familias vivimos este momento con esperanzas renovadas pero también con cierto desasosiego. ¿Qué maestros o maestras tendremos este curso? ¿Cómo agruparán a los niños y niñas de distintas edades en una misma aula? ¿Qué nos depara el futuro inmediato si cada vez entran menos niños y niñas en el colegio del pueblo? ¿Hasta cuando podremos disfrutar de las muchas ventajas de tener una Escuela en nuestra localidad?

La Escuela, como espacio en el que se coordinan, mediante un conjunto de normas y comportamientos aprendidos, las primeras interferencias entre el mundo de la infancia y el mundo de los adultos, supone un núcleo vital en la comunidad rural, un verdadero nexo de unión con el resto del mundo, una puerta abierta de cuya continuidad depende, no sólo el bienestar de las familias, sino la existencia misma del pueblo a largo plazo.

Esta relación de dependencia se hace aún más evidente desde el momento en que la población rural es percibida, tanto desde fuera como desde dentro de este entorno, como una minoría. Aunque es un hecho que el descenso del número de personas que la integran trae consigo una pérdida de autonomía en muchos de estos antiguos colegios rurales: en la década de 1980, desde que diez años antes hubiera comenzado a escasear el alumnado a causa del éxodo a las ciudades, aparecen las primeras agrupaciones de colegios rurales en diferentes puntos de nuestra geografía. Hoy en día una misma Escuela Rural puede agrupar los colegios de varios municipios en función del número de alumnos, quedando centralizadas la dirección y organización en uno de los mismos. Una frase muy conocida en este ámbito, y que define la situación explícitamente, es:

“Se trata de colegios en los que los pasillos son las carreteras.”

Actualmente en España las escuelas rurales se agrupan bajo diversas denominaciones: Colegio Público Rural (CPR) en Andalucía, Zona Escolar Rural (ZER) en Cataluña, Colectivos de Escuelas Rurales (CCE) en Canarias y Colegio Rural Agrupado (CRA) en el resto de comunidades.

Características de la escuela rural

El desconocimiento o la falta de atención pueden provocar, en ciertos sectores de la población, una percepción de la vida rural y, por extensión, de sus colegios, como un fenómeno minoritario y aislado, con los inconvenientes que supuestamente conlleva esta situación. Como madre rural por decisión propia, soy consciente de que en nuestras manos queda tratar esas supuestas desventajas como cartas que siempre han jugado a nuestro favor pero, sobre todo, a favor de las niñas y los niños.

Lo primero que me llamó la atención de la Escuela Rural fue la agrupación del alumnado de distintas edades o cursos en las mismas aulas. Para aquellos que hemos vivido el colegio en las ciudades como una experiencia homogeneizadora, con clases de más de veinticinco niñas y niños de la misma edad, esta circunstancia, tan necesaria como natural, no puede sino sorprendernos. Recuerdo que, en aquellos días, solamente el hecho extraordinario de encontrarnos a nuestro lado a un alumno o a una alumna repetidora podía causarnos cierto estupor: en aquel escenario la presencia de aquel niño o niña mayor suponían una ruptura de la normalidad que, de alguna manera, había que aceptar. Entiendo ahora que la diversidad de edades se asienta en un tipo de educación circular que favorece la experimentación educativa y la innovación pedagógica para adaptarse a la realidad, tanto dentro como fuera de la Escuela.

Se trata de una experiencia integradora con resultados positivos en la mayoría de los casos, tanto en lo que respecta al trabajo del maestro como en el aprendizaje de los alumnos, como podemos leer en el artículo publicado en Verme, el pasado 9 de septiembre, por Inés Pérez, maestra rural en el pequeño pueblo salmantino de San Miguel de Valero, en la que la propia docente se refiere a la agrupación del alumnado como “un encuentro enriquecedor que te prepara para la vida y enseña a respetar el ritmo de los demás.”:

Otro rumor falso que arrastramos en los colegios rurales es el que se refiere a una supuesta baja calidad educativa, atribuida generalmente a colegios pequeños y con pocos medios. En los CPR de Andalucía las aulas se encuentran equipadas igual que en las unidades de los colegios urbanos, con nuevos recursos educativos como las pizarras digitales. Contamos, además, con profesores especialistas para las diversas materias educativas, tales como música, idiomas, educación física o pedagogía terapéutica. Ejemplo de calidad educativa lo encontramos en Castilla y León, una de las comunidades españolas con más centros educativos en el medio rural, y que mejor parado sale en el último informe PISA sobre educación, principalmente debido al trabajo de su equipo docente, como podemos ver en el documental “Camino a la Escuela” que comparto a continuación.

Unido al hecho del escaso número de habitantes en que se ubican muchos de los colegios rurales, no es infrecuente que esta pretendida inferioridad se contemple como algo asociado a su aislamiento. Hablamos, en realidad, de localidades pequeñas ubicadas en entornos que, la mayoría de las veces, podemos considerar privilegiados, ya que permiten a los niños un contacto más inmediato y cercano con la naturaleza.

Por supuesto, no todo son ventajas. Es cierto que aquí no disponemos de aula matinal, comedor o clases extraescolares integradas, lo que muchas veces obliga a las familias a colaborar y organizarse entre ellas para cuidar de los niños a la salida del colegio. También esta situación sirve para propiciar colaboraciones a la hora de crear espacios de juego donde los niños puedan estar atendidos fuera del cole o de sus casas. Sin duda, esta escasez de servicios complementarios se compensa con creces con la libertad de movimiento y la autonomía de los niños, que muchas veces pueden ir solos o en bicicleta al colegio.

En este entorno “idílico” nos enfrentamos ahora a la cuestión que pesa sobre la existencia y la continuidad de las Escuelas Rurales. Esto nos preocupa mucho, de manera directa, a las madres y los padres pero lo cierto es que atañe a toda la población. ¿Qué futuro le espera a un pueblo sin colegio? Hasta hoy ha funcionado esta fórmula de agrupación que permite a las familias escolarizar a nuestros hijos en nuestro propio municipio y evitar el desarraigo por parte de los niños respecto a su lugar de origen.

Conscientes de esta realidad, crecen las iniciativas de visibilización y puesta en valor de la Escuela rural por parte de la comunidad educativa. Sirva de ejemplo el primer Encuentro en Defensa de la Escuela Rural en Salamanca, celebrado este mismo año (2017).

O el Encuentro en Vera de de los Maestros Rurales de Almería, en el que han participado 100 profesionales procedentes de los 17 colegios rurales que hay en dicha provincia andaluza.

La escuela rural ayuda a fijar población

En AlmaNatura trabajamos por la fijación de la población rural y entendemos que la Escuela es un buen indicativo para calcular y valorar el avance de la despoblación. Reconocemos la importancia de poner en práctica iniciativas que han funcionado en otros lugares y que comprometan a la diversidad de grupos que conforman el entorno rural:

  1. A las familias, colaborando con la comunidad educativa, creando AMPA’s para mejorar día a día.
  2. A los ayuntamientos, estrechando su relación con las Escuelas y realizando un buen mantenimiento de los edificios que albergan a las mismas, esforzándose por mejorarlos y convertirlos en espacios vivos.
  3. A los vecinos y vecinas, aportando experiencias y compartiendo saberes en colaboración con los docentes que puedan integrarse en la transversalidad.
  4. A los gobiernos y las empresas, por razones éticas, sociales y económicas, como nos contaba mi compañero Luis en su post “Razones para invertir en educación rural”.

Si existe una institución que puede definir y diferenciar a un pueblo es quizás, por encima del hecho de poseer un ayuntamiento propio, una Escuela viva e integradora, con capacidad para involucrar a todos sus habitantes en un presente y un futuro compartido.

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