Desarrollo Rural

Jubilación contra despoblación

Las personas jubiladas que habitan entornos urbanos pueden ser el colectivo clave para contribuir a la lucha contra la despoblación rural de la España vacía.

Hace pocos días nos ha llegado a AlmaNatura una interesante reflexión de una persona sensibilizada con el tema de la despoblación. José María Sanabria nos cuenta, a través del correo electrónico, cuál fue la mayor dificultad que él y su mujer encontraron cuando, tras su jubilación, tomaron la decisión de irse a vivir a un pueblo: encontrar una vivienda.

Los pueblos pequeños, precisamente aquellos con mayor riesgo de despoblación, están repletos de casas vacías pero inhabitables por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento. La mayoría de las viviendas requieren de obras básicas de acondicionamiento para cumplir con unos requisitos mínimos para su habitabilidad.

José María y su mujer buscaban la calidad de vida y la tranquilidad que ofrece vivir en un pueblo pequeño, la cercanía del campo y unas relación más natural con los vecinos. No querían resignarse a vivir “metidos en una jaula” en una ciudad y a pasar su tiempo libre en centros comerciales. La idea parecía bastante sencilla y asequible: encontrar una casita con con terreno en algún pueblo.

Además de la escasa oferta de casas habitables y en buenas condiciones se encontraron con un problema añadido: pocos propietarios están dispuestos a alquilar, por diferentes motivos, desde la desconfianza respecto al cobro (aunque el interesado presente su justificante de ingresos o un informe del banco) hasta la disponibilidad de fechas, ya que numerosas casas sólo se alquilan por temporadas a turistas o a un tipo de usuarios muy concretos, como el profesorado que hace uso de las viviendas de septiembre a junio.

Finalmente, José María y su mujer encontraron una casa en una aldea, sin terreno ni garaje pero con espacio suficiente para los dos. Tras cuatro de habitar esta vivienda, han echado cuentas: entre el alquiler, la cesta de la compra y otros gastos cotidianos han ingresado una cuantía nada desdeñable para el tamaño de la aldea. A lo largo de este tiempo, José María ha reflexionado sobre su propia experiencia: “Si en un pueblo o aldea se alquilaran viviendas a 10 parejas como nosotros, no sólo aumentaría la población del mismo, sino que quizá podrían crearse algunos puestos de trabajo directos o indirectos y, además, durante las vacaciones de verano también aumentaría la población flotante al recibir estas personas la vista de hijos y nietos.” Es un hecho que esto traería un aumento significativo de la actividad en los pueblos, al tener que satisfacer las necesidades de estas personas. Pero lo cierto es que, además de sus ingresos económicos, las personas jubiladas tienen mucho que aportar.

Son muchas las personas en edad de retirarse de su vida laboral que buscan y desean un modelo alternativo a la jubilación “normal”, que poseen unos ingresos suficientes para alquilar una casa pero no quizás para adquirirla en propiedad. Además, a menudo estas personas son los hijos de anteriores generaciones que dejaron sus pueblos para trabajar en la ciudad y quedaron “huérfanos de pueblo”.

Cohousing Senior

Existe otro modelo de jubilación alternativa aún incipiente en España, el cohousing senior, que propone una forma de vida que recupera valores solidarios y de colaboración mutua para personas que viven en proximidad. Se trata de un modelo en el que se crea un entorno físico y social, promovido de forma colectiva, en el que la economía de las personas es privada y las viviendas cuentan con todos los elementos que aseguran la independencia. Es la autonomía las que proporciona plena inclusión en la comunidad.

Dado el número de personas jubiladas que tenemos en nuestro país, que además van en aumento, la búsqueda de diferentes modelos de retiro por parte de las mismas y la cantidad de pueblos que van perdiendo población año tras año, ¿no sería una buena fórmula unir estos dos factores para conseguir un incremento demográfico en los entornos rurales?

Son conocidas las medidas adoptadas por distintos municipios para atraer población, centradas mayormente en ofertar casas a parejas jóvenes o familias con niños, un modelo que en muchas ocasiones resulta poco consistente dada la dificultad que estas personas encuentran para encontrar un trabajo o un modo de vida en zonas rurales con un tejido empresarial escaso. Un problema que desaparece en el caso de las personas jubiladas. Una casa en buenas condiciones de habitabilidad, unos servicios mínimos y, por supuesto, nuestra hospitalidad, son motivos suficientes para atraer población a los pueblos en riesgo de desaparición.

Además sería ventajoso contar con el apoyo de las administraciones públicas, gobiernos locales, comunitarios, diputaciones y ayuntamientos para que se tenga en cuenta a este colectivo para conseguir un aumento de la población en aquellos pueblos o aldeas donde haga más falta tomando medidas como:

  • Fomento de ayudas para la adecuación y habitabilidad de casas abandonadas.
  • Creación de Bolsas de alquiler que pongan en contacto propietarios y personas interesadas en alquilar.
  • Establecimiento de residencias para personas mayores ubicadas en entornos rurales.
  • Cohousing.

En nuestro día a día seguimos recopilando ideas contra la despoblación y agradecemos a José María Sanabria la aportación de sus ideas y reflexiones tan acertadas. ¡Gracias!

¡Subscríbete por email y recibe más info sobre desarrollo rural!

Deja un comentario