Emprendimiento rural femenino e innovación social: el impacto del proyecto Beautiful Bees

Cuando el emprendimiento rural se construye en comunidad, el resultado es arraigo, resiliencia y futuro compartido. Descubre este proyecto de impacto territorial que tanto hemos disfrutado.

En zulú, ubuntu significa algo tan sencillo y tan profundo como esto: “Yo soy porque nosotras somos.”

No habla de éxito individual.
No habla de competir.
Habla de interdependencia, de compartir, de entender que nuestra identidad se construye entre vínculos. En palabras de Ronald Sistek “Somos campos sociales teniendo a ratos una experiencia individual.”

Cuando pensamos en Beautiful Bees, la palabra que mejor lo resume no es programa, ni formación, ni siquiera emprendimiento. Es Ubuntu. Porque lo que ha ocurrido en estos meses no ha sido solo el diseño de proyectos, ha sido la construcción de una colmena donde cada mujer ha podido florecer con otras.

Y eso, en el medio rural, tiene una potencia transformadora enorme.

Beautiful Bees fue posible gracias a la cofinanciación de la Iniciativa de Innovación Social del Fondo Social Europeo+, en el marco de la convocatoria “Social Innovations for the Upskilling of Vulnerable Youth, Especially Young People not in Employment, Education, or Training”. En conjunto, más de 70 mujeres jóvenes de España, Lituania y Sicilia han participado en esta iniciativa. 

Desde AlmaNatura, el proyecto se ha desarrollado en Arroyomolinos de León (Huelva), donde hemos acompañado directamente a 13 participantes que recorrieron juntas un itinerario que combinó formación especializada, convivencia intensiva, acción comunitaria y una experiencia internacional.

Hoy, con el programa finalizado queremos compartir lo que aprendimos.

Lo primero, generar el espacio

Espacio para mirar hacia dentro y hacia el territorio. Durante semanas se trabajaron propósito, liderazgo, diseño de proyecto, comunicación, sostenibilidad económica y red. Más que acumular herramientas. El objetivo fue traducir intuición en modelo, idea en prototipo y motivación en estructura viable. 

Porque el emprendimiento rural no necesita velocidad. Necesita coherencia.

En noviembre, esa coherencia se vivió en primera persona. La colmena se hizo física. Seis días de coliving donde la teoría se convirtió en experiencia: mentorías, encuentros con el ecosistema local, talleres abiertos con el pueblo, visitas a iniciativas lideradas por mujeres y sesiones prácticas sobre comunicación, modelo de negocio y financiación.

No fue solo una agenda de actividades, fue una auténtica experiencia de inmersión. 

Cuando les preguntamos qué se llevaban, las respuestas se repetían: el valor de compartir tiempo en comunidad, el apoyo incondicional del grupo, la posibilidad de expresar sin juicio y la sensación de equipo. La palabra que más apareció fue “acompañada”. Y en el medio rural, eso cambia todo.

Lo que realmente se fortaleció

Pero lo más importante no fue lo vivido en las sesiones, sino lo que empezó a tomar forma. Todas ellas han trabajado y están desarrollando un proyecto empresarial o una iniciativa social con impacto directo en el medio rural.

Entre las iniciativas impulsadas encontramos, por un lado, negocios vinculados al bienestar, la cultura y la dinamización territorial. Es el caso de Relajación y Quiromasajista MRG-C, centrado en el cuidado corporal; Avant Garde Talleres Culturales, que activa la vida cultural desde lo local; Entre Raíces, un ecosistema de emprendedoras rurales orientado al bienestar emocional comunitario; y propuestas de arte terapéutico que conectan creatividad y acompañamiento personal.

Por otro lado, han surgido proyectos sociales con un fuerte componente de memoria, naturaleza y arraigo: Partería Ancestral en Iberia reivindica los saberes tradicionales en torno a la gestación y el parto; Puentes Verdes promueve experiencias para reconectar a personas urbanas con el entorno rural; Fragmentos de un lugar preserva la historia y las tradiciones de Fuentes de León a través de la fotografía; e Historias con acento sitúa el medio rural como escenario literario para poner en valor su identidad cultural.

Entre los proyectos más avanzados destacan dos ejemplos claros de esa transformación.

  • Noemí Sánchez Menaya – Tierras con Alma es una iniciativa nacida en Fuentes de León que combina conciliación familiar y emprendimiento rural. Ofrece experiencias vinculadas a la naturaleza y las tradiciones locales —catas, rutas, talleres de bienestar— pensadas para reconectar con lo esencial y poner en valor el territorio.
  • Isabel Nieto Illán – Estudio La Trilla es un estudio de creación de marcas rurales que une raíces y visión global. A través del diseño estratégico y el branding digital, acompaña a negocios del medio rural a construir marcas profesionales, memorables y con identidad propia.

En todos los casos hay algo común: mayor conciencia sobre la viabilidad.

Uno de los aprendizajes más relevantes de Beautiful Bees ha sido asumir que el propósito necesita rentabilidad económica. Hablar de precios, costes y financiación dejó de ser incómodo para convertirse en parte natural del diseño del proyecto. Emprender en el rural no es solo un acto vocacional, es una decisión profesional. Y cuanto más sólidas sean las estructuras de negocio, más resiliente será el territorio.

Programas que impulsan alas

Beautiful Bees ha estado cofinanciado por la Unión Europea. Ese apoyo ha sido clave para generar tiempo, red y formación. Pero el objetivo ha sido fortalecer capacidades para que los proyectos puedan sostenerse más allá del programa.

En AlmaNatura llevamos años aprendiendo que las políticas y programas deben funcionar como palanca, no como sustento permanente. Nuestro propósito reactivar lo rural generando alianzas que empoderen a las personas se basa precisamente en eso.

Beautiful Bees ha confirmado esta convicción: cuando el acompañamiento combina propósito, metodología y comunidad, el vuelo se vuelve propio.

Cuando el programa termina, lo importante es que queden redes activas, colaboraciones en marcha, proyectos mejor estructurados, mayor autoconfianza, un territorio más conectado. Y también una narrativa distinta sobre el emprendimiento rural femenino. Una narrativa donde el liderazgo no es jerárquico, es colaborativo…, donde la economía no excluye el cuidado, el negocio no está reñido con el impacto social y la innovación se construye desde el territorio.

Esto cobra especial sentido en un país donde la concentración demográfica continúa avanzando y el equilibrio rural sigue siendo un desafío estructural. El Informe Mujer Emprendedora 2022, elaborado por el Observatorio del Emprendimiento de España a partir de datos del Global Entrepreneurship Monitor (GEM), puso cifras a una realidad que muchas mujeres rurales ya vivían en silencio: solo el 13% ofrece productos o servicios considerados innovadores y más del 50% reconoce el miedo al fracaso como su principal barrera. A esas cifras se suman otras menos cuantificables, pero igual de determinantes: el aislamiento, la sensación de caminar sola y la falta de referentes.

Frente a ese contexto, cada proyecto que arraiga es una semilla de regeneración.

Beautiful Bees no ha sido un evento aislado. Ha sido parte de una estrategia más amplia de innovación social y reactivación rural que busca consolidar legitimación, confianza y autoridad como actor clave en la regeneración territorial.

Y lo ha hecho desde la práctica.

Si estás pensando en emprender en el rural

A partir de esta experiencia, compartimos algunas claves que pueden servirte:

  • Trabaja tu propósito, pero tradúcelo en una propuesta concreta.
  • Construye comunidad antes de necesitarla.
  • Cuida tu sostenibilidad económica desde el inicio.
  • Permítete prototipar sin esperar perfección, confía en los experimentos.
  • Cuida tu energía tanto como tu modelo de negocio.
  • Vincula tu proyecto al territorio real que habitas.

La naturaleza nos lo recuerda constantemente: en una colmena cada abeja tiene un rol, pero el equilibrio depende del conjunto. En la naturaleza, la colaboración no es un ideal: es estrategia.

Seguimos polinizando

Beautiful Bees termina.
La colmena permanece.

Si eres una empresa que quiere impulsar emprendimiento rural con impacto real.
Si formas parte de una administración comprometida con la reactivación territorial.
Si estás valorando emprender desde tu pueblo.
Si perteneces al ecosistema de la economía social y buscas alianzas coherentes.

Sigamos conversando.

Porque cuando una mujer emprende en el rural no solo construye un negocio, construye arraigo, comunidad y futuro. Y esa es la miel que merece la pena seguir creando.

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