La otra España que se vacía

Miramos hacia los bioindicadores que dibujan el termómetro de la salud de nuestro medioambiente rural. La fijación de población también debe llegar a otras especies.

Lo común está dejando de serlo y eso es lo alarmante, si miras por tu ventana, urbana o rural; ¿Llegas a contar una decena de gorriones?. Este verano, ¿Han disminuido esas picaduras y desvelos nocturnos debido a unos cuantos e inoportunos mosquitos? ¿Son escasas las golondrinas que han visitado últimamente tu balcón?. Parece que su presencia, a este paso; va a quedar como testimonial en el famoso poema de Gustavo Adolfo Bécquer.

A esas reflexiones llegamos hace unos días una prima y yo mientras dábamos un paseo recogiendo moras de unas pocas zarzamoras agazapadas en las orillas del Arroyo el Membrillar, en las inmediaciones de la casa familiar en la sierra sur sevillana. Existe otra España rural que se vacía: la medioambiental.

La despoblación en zonas rurales, sumada al cambio climático y la agricultura intensiva están siendo los grandes sumatorios para que veamos nuestros campos menos vivos. El desenlace de esta suma de componentes, lleva a la senectud del ecosistema que desemboca a que surjan incendios que esquilman la zona y recuperar ese terreno después de ser arrasado por el fuego, se complica.

Recientemente se publicó el último informe Sacre (programa de seguimiento de aves comunes reproductoras en España que lleva 25 años facilitando este conocimiento) y del que salió a relucir que el 37% de aves comunes de España está en una situación desfavorable, incluyendo especies tan conocidas como la perdiz o la golondrina común. Entre los principales problemas de la disminución de sus poblaciones que se citan son el uso indiscriminado de plaguicidas, que empobrecen el suelo y reducen la cantidad de insectos, de los que se alimenta la vasta población de aves comunes; la eliminación deliberada de nidos con la excusa de que ensucian; la dificultad para nidificar en nuevas construcciones rurales; y el abandono del espacio rural y desertificación de los suelos.

No podemos olvidar que todos formamos parte de un sistema y tenemos que aprender a ser conscientes y responsables que sobre todo lo que hacemos tiene unas consecuencias. Que la cantidad de insectos disminuya porque se abusa de insecticidas en los cultivos agrícolas, tratándoles como el enemigo público número uno; conlleva que la polinización natural decrezca y que sus depredadores, nuestras aves comunes como gorriones o golondrinas (estas últimas pueden consumir cientos de moscas y mosquitos al día… eso sí que es un buen bioinsecticida), se vayan a otros territorios o acaben desapareciendo, porque allá donde vayan la situación no mejora.

En 2014 la golondrina común fue Ave del Año para concienciar sobre su alarmante despoblación, cuantificada en más de 10 millones de individuos en la última década. Fuente: SEO/Birdlife.

¿Qué puedes hacer tú por el medioambiente?

Estos bioindicadores son el termómetro de la riqueza medioambiental de nuestro paisaje, y su presencia debe fomentarse para conseguir la fijación rural e invitando a habitar territorios abandonados; ¿te suena todo esto? La revitalización rural es común a todos, personas y medioambiente. Para que no tengamos ninguna otra España que se vacía, ¿qué podemos hacer cada uno para hacer un mundo mejor?

  • Mira al cielo: El programa Sacre del que extraíamos los datos alarmantes del decrecimiento de poblaciones de aves, fomenta la colaboración ciudadana invitándonos a todos a participar en ciencia ciudadana. Te puedes unir a algunos de sus rastreos que nos avisa sobre qué especies tienen problemas de conservación, y en qué puntos y hábitat se localizan esos problemas.
  • Hoteles de insectos: Un aporte al medioambiente en el que cualquiera puede aportar es la creación e instalación de espacios donde vivan insectos. Son bioconstrucciones que dan cobijo a insectos que nos ayudan a polinizar nuestras flores y cultivos, así como a combatir de manera natural y biológica las plagas en nuestras plantas. Sin duda puede ser una lúdica actividad para compartir en familia y con amigos, y que tanto nos agradecerá el medio ambiente.
  • Construye con sentido: Si tras años quieres remodelar tu casa, o vas a hacer un cambio de vida a lo rural; intenta no romper con el ambiente que te rodea, que en tu jardín no falte flora autóctona y si hay piedra en el exterior, será mejor para evitar termitas que devasten el interior, y que en los exteriores sean bienvenidas las pequeñas colonias de insectos.
  • Permacultura: Los años del sector primario que han apostado por la agricultura intensiva en el que hay gran protagonismo del uso de tratamientos con productos químicos sobre el suelo, está implicando un gran coste medioambiental. Alternativas hacia cultivos ecológicos, es decir, sin químicos, requiere de un esfuerzo considerable. Lo sabrás si has intentado plantar un jardín comestible: hace falta labrar, abonar, podar, evitar las plagas, etc. La permacultura, sin embargo, te evita en gran medida todos estos trabajos de mantenimiento gracias a su filosofía, que se basa en trabajar a favor de la naturaleza, en lugar de contra ella. Se usa más en huertos domésticos o fincas pequeñas o medianas que en grandes extensiones de cultivo, propicio para que te sumes, a través de este pedagógico y familiar manual; a que no se quede vacía la otra España.

Te animamos a que nos cuentes qué otras iniciativas estás haciendo o promoviendo en tu entorno para la fijación y preservación del medio ambiente rural. Tenemos que ser optiministas y hacerlo posible entre todos/as. Para los más nostálgicos siempre tenemos cerca la gran biblioteca de sonidos de la naturaleza del gran profesor Carlos de Hita que cada día y a las seis menos un minuto, hora peninsular española; al final de la noche y antes de que empiece la vorágine informativa, anuncia la hora del alba con un sonido de la naturaleza.

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