Cada día en AlmaNatura recibimos numerosas solicitudes de personas que quieren cambiar su estilo de vida. Nos vemos con la responsabilidad de construir una respuesta a centenares de personas que creen que otra forma de vivir es posible, más cercana a la tierra, más respetuosa y menos agresiva con el planeta. Y para ello no hace falta irse a una comunidad sin luz ni agua, tampoco dejar de ver la televisión (aunque a veces sea lo mejor), tan sólo precisamos descubrir que nos permitirá vivir desde el pueblo y para ello conocer los recursos endógenos es fundamental.

Estoy convencido de que vivir desde un pueblo es otra forma de estar en el mundo, esa forma que necesita el planeta en un momento en el que los datos nos revelan que "casi la mitad de los bosques que en tiempos cubrieron la Tierra han desaparecido. Solo desde 1990 se han perdido unos 129 millones de hectáreas de bosques: una superficie casi equivalente a la de Sudáfrica. Hacen falta 27.000 árboles para cubrir la demanda anual de papel higiénico a nivel mundial y 17 para fabricar 3.000 cuadernos universitarios de 100 hojas. Cada año deforestamos una superficie equivalente a Panamá y cada minuto, el equivalente a 36 campos de fútbol" nos lo cuenta Enrique Yeves en esta colección sobre el estado del planeta en El País.

¿Qué conseguimos cuando vivimos en un pueblo?
  1. Mejorar nuestro impacto en el medio ambiente. Cuando vivimos en un pequeño municipio los recursos necesarios para subsistir se reducen exponencialmente. La necesidad de transporte diario se reduce, también el consumo de productos procesados y la compra frecuente de ropa. Nuestra vida es mucho más sencilla por que no precisamos a diario por ejemplo salir a eventos, contar con el ultimo modelo de corbata, etc. Es decir nuestra huella ecológica es inferior, me refiero a ese indicador del impacto ambiental generado por la demanda humana que se hace de los recursos existentes en los ecosistemas del planeta, relacionándola con la capacidad ecológica de la Tierra de regenerar sus recursos.
  2. Consumir de forma moderada. Si bien es verdad que muchos de los estudios consultados nos indican que el mundo rural se ha urbanizado y por tanto el consumo puede ser tan alto como en una gran ciudad donde encuentras una oferta apabullante, sigo pensando por vivir en un pequeño pueblo, que consumimos menos bienes que en una gran ciudad. Y no me refiero a estilos de vida más ecológicos si no a personas con un nivel de vida medio y con un estilo de vida tradicional. Al final el vivir en contacto con la tierra te permite producir tus propios alimentos y si no es el caso comprarlo a tu vecino productor, e incluso (como le pasa a mi madre) encontrarse con fruta y verdura que le regalan los vecinos.
  3. Contar con una comunidad de apoyo. Vivir en comunidad eliminando el individualismo y la competitividad es algo a lo que cada día más personas se acercan. No significa esto que cuando vivimos en un pueblo contamos con toda la ayuda necesaria en cada momento, pero si que nos permite construir círculos de proximidad más humanos y sostenibles. Formar parte de una comunidad que vive tu mismo estilo de vida y donde no siempre los recursos económicos son la máxima prioridad nos permite construir relaciones no centradas exclusivamente en el interés económico. Y esto es una verdadera revolución, puesto que nada se mueve sin dinero en una gran ciudad. ¿Bancos del tiempo? Si, existen pero tienes que conocerlos, apuntarte y cumplir las normas. En el caso de las comunidades rurales todo es mucho más espontáneo, cercano y humano.
  4. Vivir tu propia vida. Si, aunque parezca justo lo contrario a lo que muchos venden del paraíso que supone vivir en una urbe en cuanto a anonimato, no me refiero a esto. Los trabajos de la ciudad condicionan a que te vas a dedicar y como vas a vivir en los próximos años. En una zona rural te ves obligado en mayor o menor medida a buscarte la vida puesto que no existen importantes ofertas de empleo. Cuando te buscas la vida y emprendes justo lo que consigues es construir tu propia vida y no la que te imponen. Una vida profesional que además condiciona la personal, y es que para poder pagar una vivienda en una gran ciudad necesitamos una importante suma de dinero llegando incluso a contar con varios trabajos para llegar a final de mes. ¿No es eso imponerte un estilo de vida que en muchos casos nada tiene que ver con tus sueños?
  5. Conseguir tiempo de calidad. Si no tenemos que hacer largos desplazamientos para llegar a nuestro puesto de trabajo, llevar a los hijos al colegio, ir a la tienda, etc. conseguimos una importante cantidad de tiempo que se transforma en lo verdaderamente importante que es disfrutar de lo que nos gusta hacer (leer, escuchar más música, disfrutar de la familia o simplemente gozar de un momento de tranquilidad). En la ciudad, lejos de tener más tiempo lo que consiguen las personas al correr tanto es estar más tiempo haciendo cosas y menos tiempo pensando si son verdaderamente esas cosas las que quieren hacer. ¿Habrá algo más valioso que el tiempo para construir vidas plenas de felicidad?

Y hasta aquí el post de hoy martes, el último antes de tomar una vacaciones para recuperar alguna que otra hora perdida durante el año en atascos en la ciudad, para seguir soñando que otra vida rural es posible, para viajar y encontrarse con los amigos/as que huyen de la ciudad a revivir el pueblo. Por eso os recordaros que del 6 al 31 de Agosto vamos a tomarnos unos días de descanso y no estaremos operativos al teléfono pero si en nuestros emails habituales. Si quieres puedes seguirnos en Instagram con #anverano18. ¡Nos leemos en septiembre con energías renovadas! ;D

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La Asamblea General de Naciones Unidas decide celebrar el 26 de junio de cada año el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, justo hoy hace un mes de la celebración de este año y, desde AlmaNatura queremos dejar una pequeña reflexión y aportar algunas ideas que puedan ayudar a construir pueblos más sanos.

Cuando pensamos en el uso de drogas, seguramente la idea que se nos venga a la cabeza sea la de personas con graves problemas, llenando los callejones oscuros de grandes ciudades, o gente joven en una fiesta de una gran discoteca consumiendo cualquier droga. Por desgracia, el consumo de drogas suele ser mucho más cercano de lo que nos esperamos, tanto en las grandes ciudades, como en los pequeños pueblos.

Si se mide el consumo comparando las ciudades y los pueblos, desgraciadamente los pueblos se llevan la peor parte, encontrándonos con que los y las jóvenes de las zonas rurales, consumen más alcohol, tabaco y cannabis que quienes viven en las ciudades. Si hay una manera de evitar el consumo de cualquier tipo de droga es, principalmente, a través de la prevención, asunto que es más probable que se deje de lado en los pueblos más pequeños al no considerarse algo prioritario y tener que repartir los presupuestos en aspectos más urgentes y visibles.

Por eso en los pueblos la reducción del consumo de drogas, debe partir de la implicación de toda la comunidad ayudando a construir pueblos más saludables. Evidentemente la administración local debe ser quien tome la iniciativa, pero ha de aprovecharse de los factores de protección más valiosos que tenemos: la mayor extensión de redes familiares, la mayor cohesión social y la mejor relación entre administración y sus habitantes, como ya comentamos hace un tiempo en nuestro blog.

¿Qué puede hacer mi pueblo para reducir el consumo de drogas?

Por desgracia no hay fórmulas mágicas que aseguren que el problema deje de existir, ni en los pueblos ni en las ciudades, obviamente, principalmente debido a que los motivos por los que las personas jóvenes consumen son muy variados y es difícil atajarlos todos. Pero eso no quiere decir que la combinación de diferentes líneas de actuación, no vaya a ayudar a reducirlo considerablemente.

Estas ideas, no sólo ayudarán a reducir el consumo, sino que además promoverán una juventud más sana tanto física como mental y socialmente. De hecho, pueden incluso convertirse en medidas que apoyen la fijación de población, pues se ofrece así a los y las jóvenes mayores opciones de realización personal, demostrando que importan y que tienen mucho que decir en los pueblos.

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Al igual que la fibra óptica, la igualdad y su consecuente rotura de estereotipos de género, está tardando en llegar a las zonas rurales. Aunque esté comparando estas dos realidades, evidentemente no lo hago más que como un pequeño chascarrillo, ya que sin lo primero podemos vivir perfectamente en los pueblos, quizá con una calidad de comunicaciones baja, pero se puede; en cambio, lo segundo supone un derecho humano. Un derecho que aún hoy se niega a la mitad de la población.

Como he manifestado en repetidas ocasiones desde este blog al hablar de feminismo y desarrollo rural, así como de la necesaria unión de la ruralidad y el feminismo para el desarrollo de los pueblos, nunca he llegado a hacer mención de la otra parte importante de la población, aquella que sustenta el patriarcado y que, gracias a él, mantiene sus privilegios. Porque si lectores, habéis leído bien, aunque sea difícil reconocerlo para aquellos hombres que aún no se ha acercado un poco al movimiento feminista, tenemos privilegios.

Es cierto que hoy en día es difícil encontrarnos con hombres que renieguen explícitamente de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, también es cierto que podemos fácilmente dar con numerosos detractores del feminismo pues, a pesar de ser básicamente lo mismo, parece que las connotaciones que a la palabra “F” se le adscriben, hacen sentir incómodo a más de uno. Igualmente, quiero remarcar como aspecto positivo la importancia que está adquiriendo la igualdad como un derecho en el ideario colectivo, así como los avances que se están consiguiendo en igualdad a nivel social gracias a la lucha de las compañeras mujeres, como por ejemplo ese multitudinario apoyo que el 8M de este 2018 ha conseguido. Pero ya va siendo hora de que los hombres asumamos nuestro papel, y utilicemos nuestra situación privilegiada para apoyar la causa.

Sin menospreciar el trabajo de las mujeres, los hombres también tenemos una tarea muy importante, pero a la vez muy difícil: repensar nuestra masculinidad. Como todo cambio social importante, el comienzo siempre ha sido personal, ya que creo que hace falta revolucionarnos por dentro y creer en nuestra capacidad de cambio, para poder comenzar una revolución social, y este tiene que ser nuestro papel como hombres en la lucha por la igualdad.

Esta toma de conciencia personal, debe además estar acompañada con una revisión de los modelos de construir nuestra masculinidad, facilitando así que, sobre todo, las nuevas generaciones, puedan sumarse al cambio más eficazmente.

Imagino que a estas alturas os estaréis preguntando porqué vengo a hablaros de masculinidad en un blog desde el que luchamos por mantener vivos los pueblos, pero tiene una respuesta muy sencilla. Como comentaba al principio, en lo rural parece que todo tarda siempre mucho más en llegar, por lo que es necesario comenzar el tirón de orejas al hombre rural, para poder conseguir pueblos mucho más justos e igualitarios. Además, como he argumentado en todos los post que he escrito sobre feminismo, el arraigo de la tradición en el rural, es mucho más fuerte que en las ciudades, y la forma de ser “hombre” (al igual que la de ser “mujer”) forma parte de esa tradición, encontrándonos más en los pueblos que en la ciudad, con esa forma más tóxica y arcaica de masculinidad.

A esto, habría que sumar el hecho de que, en el caso de la despoblación, las mujeres son las primeras que se van de los pueblos, y más aún cuanto más pequeño es el municipio. Si lo pensamos, es lógico, por el simple hecho de ser mujer, la carga de los cuidados y la falta de corresponsabilidad, hace muy difícil un desarrollo personal y profesional, lo que provoca que quede relegada a las tareas que tradicionalmente se le atañen. Para evitar esto, los hombres hemos de entrar en acción, tenemos que replantear nuestra forma de estar en el mundo, porque la emancipación de la mujer no llegará a ser una realidad, hasta que seamos responsables y asumamos nuestra parte.

Cómo los hombres pueden ayudar a la emancipación de la mujer rural

Se que lo que estoy pidiendo hoy es difícil. Pero para facilitar un poco la labor, describiré pequeñas acciones que podemos aplicar en nuestro día a día, que no sólo nos ayudará a plantearnos un poco nuestra forma de estar en el mundo, sino que además pondremos nuestro granito de arena para que se fortalezca todo lo que tenemos a nuestro alrededor.

Para finalizar, me gustaría recomendar una lectura muy ligera, que me ha inspirado bastante para este post: “El hombre que no deberíamos ser” de Octavio Salazar, os encantará. Sin más, espero que los hombres que han tenido la paciencia de leerme, se cuestionen el lugar que ocupan en el mundo y sean capaces de ver el poder de cambio que tienen; y las mujeres que me hayan leído, espero que les guste mi pequeña aportación para hacerles su lucha un poco más llevadera.

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Haz una lista de las cinco personas más importantes para ti. ¿Estás entre ellas? ¿En qué posición te encuentras? A lo largo de mi formación y vivencias en desarrollo personal, me he dado cuenta de la importancia de estar la primera en esa lista, ¿Si no me cuido yo, cómo voy a atender al resto de personas de la mejor forma posible? Nos olvidamos de nosotros/as, nos relegamos a un lugar alejado del interior y nos disponemos a estar disponibles para todos y para todo.

“No tengo tiempo para nada…”
“Cada vez tengo menos tiempo para mí”
“Ojalá tuviera más tiempo el día”

Pues sí, la velocidad del tiempo nos atrapa y se manifiesta de muchas maneras cuando no estamos en esa lista, como los gritos en los atascos, las contestaciones en la familia, la ansiedad que oprime el pecho sin una razón y las ganas locas de perderte en un pueblo para poder parar, respirar y dejar a un lado todos esos instrumentos que te limitan tu tiempo durante el año.

La buena noticia, es que vivas donde vivas y durante cualquier época del año puedes cuidar tu tiempo para disminuir esas sensaciones, el cansancio y la sensación de descontrol y velocidad con la que pasan los años.

El mundo rural es el antídoto

“Una comunidad entrenada para la velocidad está hecha para el éxito” Le Corbusier

Reducir el tiempo se hizo rentable en la Revolución Industrial, desde entonces se ha convertido en una forma de vida y un modelo de medición de eficacia y valía personal. La expresión “Es que no tengo tiempo…” ofrece una buena posición social a oídos de quien la escucha y nos hace mirar a la persona desde otro punto de vista, apostando por este tipo de modelo social como el óptimo y realmente productivo. Esto trae una serie de consecuencias personales que ya conocemos y hemos compartido en líneas anteriores.

El mundo rural se presenta como una alternativa eficaz para paliar estas incómodas sensaciones, aunque os puedo decir que no depende del lugar sino de cómo gestionamos y cuidamos nuestro tiempo.

¿Qué tiene el mundo rural como atractivo con respecto al tiempo?

¿Cómo puedo cuidar mi tiempo?

Existen multitud de libros que hablan de cómo gestionar tu tiempo como “Los 7 ladrones del tiempo” de Alberto Pena o “Los Siete Hábitos para dirigir tu vida” de Jose María Acosta. Aquí puedes encontrar algunas reseñas lógicas para poder realizar un plan de acción para detectar y gestionar aquellas cosas que te quitan tiempo. Pero si tu sensación es más profunda quizás el planteamiento es el siguiente. Te has preguntado alguna vez:

¿Qué ocurriría si contara con ese tiempo que tanta falta me hace?

¿Cuál es el beneficio personal de sentir esta pérdida de control sobre el tiempo?

Sin duda existe algún beneficio el no tener tiempo y es que no sabemos qué hacer con él. Estamos tan desconectadas de nosotros/as, que tener tiempo para hacer lo que nos gusta, nos hace plantearnos realmente qué es lo que nos gusta y dejar a un lado aquello que para nosotros/as no es beneficioso. Eso significa elegir y parece ser que no estamos preparados/as para ello por diversos motivos, bien porque tememos no ser aceptados/as o bien por miedo a equivocarnos, tan solo por el susto que nos da disfrutar de la vida, el esfuerzo que implica hacerlo o bien el peso del sentimiento de culpa de no hacer algo productivo con nuestro tiempo.

No tener tiempo es otra enfermedad social que se presenta, estés en lo rural o en la ciudad, es cuestión de actitud ante la vida y tu disposición a contactar con aquello que tanto nos asusta tener: libertad para estar contigo y elegir aquello que realmente te hace sentirte feliz”

“Si no tienes libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?” Arturo Graf

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Por Félix Álvarez,

Es curioso como últimamente están saliendo cada vez más noticias o denuncias a través de las redes sociales y los medios de comunicación sobre atentados contra el patrimonio. Recientemente veíamos como una mala intervención, porque no podemos llamarla restauración, ha dañado la maravillosa escultura tardogótica del San Jorge de la localidad de Estella (Navarra), casos como los el Ecce Homo de Borja, o si nos vamos a grandes obras arquitectónicas, la reconstrucción del Teatro Romano de Sagunto por citar algunos. En la mayoría de casos estas “intervenciones” por llamarlas de alguna manera se las etiqueta como intervenciones “populares”, “catetas” o en algunos artículos he llegado a leer “muestra del ruralismo o la incultura” utilizando peyorativamente estos términos que como vemos no son para nada ajenos al mundo urbano. ¿Qué podemos hacer para concienciarnos del patrimonio en el mundo rural? ¿Cómo podemos salvaguardar, proteger y difundir nuestro patrimonio cultural? Para contestar estas preguntas primero vamos a profundizar un poco en el concepto de patrimonio asociado a la imagen de Bien de Interés Cultural conforme recoge nuestra Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985.

¿Qué es un BIC?

Es una figura jurídica de protección del patrimonio histórico español tanto mueble como inmueble. En la ley anteriormente referida se define así: "en el seno del Patrimonio Histórico Español, y al objeto de otorgar una mayor protección y tutela, adquiere un valor singular la categoría de Bienes de Interés Cultural, que se extiende a los muebles e inmuebles de aquel Patrimonio que, de forma más palmaria, requieran tal protección. Semejante categoría implica medidas asimismo singulares que la Ley establece según la naturaleza de los bienes sobre los cuales recae", aunque tenemos diferente tipologías , hoy solo nos vamos a detener en los inmuebles que siguen la siguiente clasificación:

  1. Monumento Histórico: Obras arquitectónicas o de ingeniería, esculturas con interés histórico, artístico o científico que aporten relevancia social.
  2. Conjunto Histórico: Grupo de bienes inmuebles de carácter histórico que forman un conjunto de gran relevancia social, condicionado por una estructura física representativa de la evolución de una comunidad humana por ser testimonio de su cultura o constituir un valor de uso y disfrute para la comunidad.
  3. Jardines históricos: Espacios de elementos naturales elaborados por el ser humano con gran valor estético o botánico a veces completados con inmuebles.
  4. Sitios Históricos: Lugares o parajes naturales vinculados a acontecimientos históricos, tradiciones populares o de obra humana que tengan valor histórico, etnológico, paleontológico o antropológico.
  5. Zonas arqueológicas: Lugares naturales donde existe un bien mueble o inmueble susceptible de ser estudiado a partir del método arqueológico hayan sido o no extraídos y tanto si se encuentran en la superficie, en el subsuelo o bajo las aguas españolas.

Desde la Gestión del Patrimonio debemos centrarnos en educar para luego difundir, y decimos educar en primer lugar porque si no educamos no sabremos valorar y proteger nuestro patrimonio cultural, algo tan intangible e incuantificable a pesar de que en muchos casos se ha puesto precio a su abandono. Y la tarea fundamental que os quiero hacer llegar es que difundir el patrimonio cultural tiene un gran valor social y antropológico incalculable.

Difundir, utilizando el sentido amplio de la palabra, no es otra cosas de propagar o divulgar conocimientos, noticias, actitudes, costumbres y en nuestro caso no solo nos podemos quedar en eso sino que tenemos que educar, concienciar y explicar el concepto para que todo el mundo se sienta orgulloso del patrimonio histórico, natural, paisajístico o cultural del pueblo aunque la mayoría apenas sepa nada relativo a él o lo vea como un simple elemento de arraigo generacional. Por todo ello el patrimonio otorga prestigio e importancia aunque para algunos no deje de ser más que un estorbo.

¿Cómo podemos concienciar sobre la importancia del patrimonio cultural rural?

Os vamos a enumerar una serie de premisas que nos servirán para concienciar y salvaguardar nuestro patrimonio local tanto a los concienciados como a los no iniciados en este apasionante mundo:

En este enlace podrás consultar la base de datos del estado Español de los Bic. Espero que todo lo que os he contado os ayude a identificar, conocer, difundir y proteger nuestro patrimonio rural como seña de identidad de una población. “Si lo conocemos , lo valoramos y si lo valoramos lo protegeremos”.

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Parece que por fin llega el verano, aunque se está resistiendo un poquitín. Aquí por el pueblo, ya se siente el espíritu de las vacaciones, hijos e hijas vuelven a casa de sus padres para aprovechar estas semanas de descanso y conectar con la sencillez más pura que ofrece un pueblo en vacaciones.

Niños y niñas de la ciudad juegan en las plazas y se siente más vida pues los gritos de alegría suenan hasta altas horas de la noche. También vuelven al pueblos antiguos vecinos que por diversas circunstancias abandonaron el pueblo pero cuentan los días para volver en verano para abrir sus casas, airearlas al igual que airean todas las anécdotas del año en las charlas al fresco en la puerta de cualquier casa.

Se aprovechan a mediodía las piscinas en una algarabía de risas, chistes y gritos de celebración de grandes y mayores acompañados de música del verano… en el pueblo sienten que puedes vestirse con cualquier cosa, pues aquí nada importa ya que conectas con tu esencia más profunda y por supuesto dejas el móvil a un lado, porque aquí el tiempo pasa más lento (bueno a parte de que si tienes suerte como hay más gente en el pueblo pues no tiene suficiente fuerza la línea de ADSL r.ural y los móviles no sirven para nada).

Una maravilla de vacaciones volver al pueblo….

Mientras tanto Manolo, el vecino que vive todos los días del año en el pueblo, se levanta a las cinco de la mañana para ir al descorche con la cuadrilla, con algunas ojeras del esfuerzo y del ruido de aquellos que vienen al pueblo por vacaciones.

Relativismo cultural y Etnocentrismo

Creo que esto nos suena mucho a aquellos que vivenciamos esta experiencia en esta época del año desde un lado u otro, como visitantes o habitantes del pueblo o de la ciudad. Dar la bienvenida a nuevas personas conocidas o desconocidas al pueblo es una maravilla, aunque a veces se vuelve difícil la convivencia cuando existe un choque de realidades. De esto y más, surge el relativismo cultural y el etnocentrismo aplicado al mundo rural.

He aprendido que estos dos conceptos,  pueden ser limitaciones o frenos en la ruptura o actualización de los estereotipos del mundo rural. El concepto de Relativismo cultural surgió a principios del siglo XX por el antropólogo Franz Boas y hace referencia a las costumbres propias de una comunidad que son vistas con normalidad por aquellos que viven en ella pero desde fuera son percibidas como raras.

Por otro lado surge el Etnocentrismo, que es el sentimiento que generamos al considerar que nuestra forma de vida es superior a las demás. Es decir, pensar que una cultura puede ser el centro del universo y el único medio de desarrollo.

Por último y desde la antropología, también surge la teoría del buen salvaje como la nostalgia que experimenta la ciudad o el mundo industrializado por un modo de vida donde existe equilibrio entre el hombre y la naturaleza.

¿Son estos pensamientos un freno?

Te propongo un ejercicio muy sencillo para ver si ambos hemos entendido estos conceptos y lo podemos relacionar con el mundo rural y la situación que acabo de exponer al principio de este post. Solo tienes que relacionar cada uno de los ejemplos con los conceptos aquí tratados: Relativismo cultural, Etnocentrismo y el mito del buen salvaje:

  1. A las personas que vienen de la ciudad le puede resultar raro que un verano las personas del pueblo sigan trabajando cuando ellos vienen con ganas de ocio y tiempo libre.
  2. Las personas que vivimos en el mundo rural somos menos consumistas por la razón que existen menos servicios, cosa que cuesta de entender por aquellos que vienen buscando un Telepizza o un Zara en un pueblo de 1000 habitantes.
  3. Una familia con dos hijos en la ciudad se sienten atraídos y sueñan con la vida de pueblo, aquella donde el tiempo fluye con más lentitud.
  4. Para desarrollarse como persona y profesional tienes que irte a la ciudad.

Según Taylor un filósofo contemporáneo (1994), estos pensamientos pueden generar daño a una comunidad si el resto de las comunidades que la rodean, les muestra un reflejo o imagen limitada, sin oportunidades y con escasas posibilidad de desarrollo.

“Ni el pueblo es una recreación para muchos ni la ciudad es un supermercado para otros”

Entender cada cultura, buscar lo que necesitas en la tuya y respetar cada forma de vida, vayas donde vayas en vacaciones o en otras épocas del año, nos amplía las oportunidades de poder disfrutar de la diversidad como cultura y como individuos. Este verano haz un esfuerzo por entender que ya sea al campo, a la playa, al pueblo o a la ciudad, es necesario respetar y comprender cuales son los pensamientos y costumbres diarias para conseguir una integración mucho más respetuosa.

El mundo rural necesita poder romper con estereotipos, sentirse respetado y sobre todo valorado desde un punto de vista integral, no como el opuesto a la ciudad sino como identidad propia que busca una adaptación a las nuevas necesidades de sus habitantes, dejando un lado las exigencias de aquellos que creen que el pueblo existe como zona de recreo veraniego. ¿Cuáles son tus intenciones este verano? 

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Además de buscar el desarrollo económico, el gobierno local tiene la responsabilidad de trabajar porque su población viva de una forma segura, sana, tolerante, y que pueda desarrollarse personal y profesionalmente. Para ello, el acceso a la cultura es de suma importancia, pues aporta al ser humano autorrealización, contacto con otras personas, fomenta valores como la tolerancia, ayuda a desarrollar incluso otras formas de inteligencia y la creatividad.

En este post, cuando hablo de cultura, no pretendo acoger el término en el sentido más puramente antropológico de “manifestaciones materiales, espirituales e ideológicas que representan a una o varias personas y que las identifican como parte de un conjunto mayor de individuos” de las que ya hablamos largo y tendido en este blog, o de identidad cultural, que también hace un par de meses Isra comentó. Me refiero a la cultura como servicio de ocio o incluso industria, la cultura como un elemento de consumo.

La cultura es una de las herramientas más importantes para el empoderamiento de la población rural y, por eso, el acceso a todas las manifestaciones culturales, debe estar incluido en las políticas locales y territoriales. Los servicios culturales podemos considerarlos como servicios básicos, y ha de garantizarse que toda la población pueda tener un acceso igualitario a los mismos.

Además, el sector cultural puede incluso contribuir al desarrollo económico del municipio. Al tratarse de un sector tan poco explorado en los pueblos, cuenta con un gran potencial como fuente de empleo y/o emprendimiento para personas del pueblo. Por ejemplo, podría incluirse en los planes turísticos del municipio, y así atraer la atención hacia el pueblo más allá de estar en un enclave bonito o tener un patrimonio arquitectónico alucinante (aunque también forma parte de la cultura del pueblo, claro), pudiendo crearse así algún que otro puesto de empleo desde el propio Ayuntamiento.

Tenemos que entender la cultura como atractivo turístico en un sentido amplio, no solo con la visita a museos y monumentos sino como excusa para realizar un viaje y disfrutar de ciertos eventos de ocio. Por poner otro ejemplo, cada día aparecen más y más festivales de música en entornos rurales, algunos con artistas locales y otros con foráneos, pero que se publicitan y se aprovechan de los circuitos de visitantes que consumen este turismo para dar a conocer unos lugares que ofrecen mucho más que un concierto (como el “Festival Leturalma”, impulsado por la cantante y compositora Rozalén en su propio pueblo de menos de 1000 habitantes en Albacete, o el pasado “Senderos de Música”, en Higuera de la Sierra, un pueblo de la Sierra de Huelva de poco más de 1300 habitantes), muchos de ellos organizados y financiados por los y las habitantes o empresas privadas del sector cultural.

Tirando hacia el emprendimiento, se me viene a la cabeza un ejemplo que tengo a pocos kilómetros de mi pueblo, en un municipio de poco más de 800 habitantes, Alájar. Hace unos años, se abrió en el pueblo una pizzería diferente y original, “La Plazita, Peña Flamenca”, un local donde puedes degustar riquísimas pizzas artesanas mientras disfrutas gratuitamente de la mejor música. A través de dos manifestaciones culturales como son la gastronomía y la música, se ha conseguido dinamizar la oferta cultural no sólo del municipio, sino de toda la comarca, recibiendo muchísimos visitantes en cada concierto, así como reafirmando un elemento del patrimonio cultural andaluz como es el flamenco.

Como vemos, la cultura puede ayudarnos a revitalizar los pueblos, dinamizando su economía y a la población, y aportando más valor al municipio del que ya tiene de por sí. Sin pretender ser pretencioso, hoy voy a aportar algunas ideas más de cómo, sobre todo desde la administración local, se puede dar un empujón a la cultura en el pueblo para que se convierta en una fuente de potenciación del mismo.

¿Qué puede hacer tu pueblo para fomentar la cultura?

Aunque sólo sean unas ideas muy básicas, considero que son bastante asumibles incluso por Ayuntamientos de menor tamaño. Aplicando algunas de estas medidas, los pueblos podrán tener una vida cultural que hará las delicias no sólo de sus habitantes, sino de todas las personas del territorio, apoyando así a la revalorización del mismo. No hay que olvidar que, quienes crean y conservan la cultura son las personas, por lo que la iniciativa vecinal también debe ser un apoyo para conseguir un pueblo culturalmente más rico.

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Por Félix Álvarez,

Hace una semanas, en los Labs de innovación de #RuralEmprende en las provincia de Jaén tuvimos el placer de contar con la participación de nuestro amigo Pablo Lozano de Semer Turismo que nos estuvo hablando de cómo se había generado riqueza en la pequeña población de Santa Elena a raíz de la reactivación del Museo de la Batalla de las Navas de Tolosa y como la recreación de la Marcha de los tres reyes se estaba convirtiendo en un atractivo evento histórico y cultural que estaba traspasando fronteras, atrayendo a turistas de diversas nacionalidades a la pequeña localidad. Como estaba un poco alejado de estas materias, a pesar de ser un poco friki (mea culpa), me puse un poco a investigar y me he quedado sorprendido con la cantidad de eventos de este tipo que hay por todo el mundo, aunque hoy me voy a centrar más en España.

La recreación histórica es un fenómeno heredado de Estados Unidos, identificada en ocasiones en el mundo anglosajón como “reenactment” o “living history”, que nace en España a partir de los años 70. Se trata de una actividad en la cual los participantes recuerdan diversos momentos o hitos destacados de la historia, que en la mayoría de los casos discurre en el lugar que se relata en los hechos, implicando beneficios y puestos de trabajo para los habitantes de la zona por la presencia de público visitante atraído para tomar contacto con acontecimientos históricos en primera persona. Turistas de todo el mundo desde europeos hasta norteamericanos, rusos o chinos, conforman un mercado potencial interesado en la historia y a menudo relacionado con el turismo cultural de interior.

Las recreaciones históricas pueden formar parte de una planificada estrategia de marketing por parte de las administraciones públicas involucradas, con la intención de incrementar tanto la atracción turística como la difusión y conservación del patrimonio y las raíces locales.

Atributos de los eventos históricos

El turismo basado en eventos de este tipo puede ser utilizado como motor para aumentar el gasto y la duración de la estancia del turista en el destino. Además, estos acontecimientos suelen contar con un programa de actividades tematizado, lo que permite atraer a especialistas que de otra manera no visitarían el lugar. Así, un evento es un acontecimiento temporal clasificable en distintas categorías en base a la idiosincracia del lugar, tamaño, forma y contenido. Se celebran en un momento determinado para satisfacer unas necesidades específicas, y tienen un carácter de exclusividad. En la misma línea investigadora, Jago, L., & Shaw, R. en su libro "Special Events: a conceptual and definitional framework. Festival Management and Event Tourism", sugieren que los eventos se caracterizan por seis atributos generales:

  1. Gran capacidad para atraer a los turistas.
  2. Supongan un desarrollo del turismo en la zona.
  3. Su duración es limitada.
  4. Se celebren una sola vez al año o con poca frecuencia.
  5. Incrementen la conciencia de los habitantes y la imagen del destino, ofreciendo una experiencia social y creando identidad.
  6. Sean acontecimientos extraordinarios que muestran originalidad local.
Recreaciones históricas en la España rural

No vamos a entrar a enumerar todas las recreaciones históricas que han servido como elemento transformador del territorio y generadores de riqueza en zonas rurales vinculadas a algún pasaje de la historia de la Humanidad, simplemente con googlear batalla de Normandía , Waterloo, la guerra de secesión,… encontraremos mucha información. En España, existe una larga tradición de festividades Historicistas que se remonta al siglo XVI, las fiestas de “moros y cristianos” celebradas en Andalucía y levante, son las más conocidas, pero hoy vamos a hablar de otras que por su singularidad/originalidad merecen ser destacadas:

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Por Félix Álvarez,

El término consiste en un proceso de transformación de un espacio urbanizado que se encuentra en estado de deterioro o que está en proceso de decaer a partir de la reconstrucción o la rehabilitación edificatoria con mayores alturas que las preexistentes. Esto provoca un aumento de los alquileres o del coste habitacional en estos espacios urbanizados, llevando a que los residentes que tradicionalmente habitan el lugar lo abandonen situándose en lugares más periféricos. Esto es lo que produce que este "nuevo" espacio vaya a ser ocupado por clases sociales con mayor capacidad económica que les permita aportar estos nuevos costes. Este proceso, tiene una gran y especial relevancia, durante los últimos años en los países capitalistas y principalmente en ciudades con importante potencial turístico y relevancia económica, aunque a menor escala también se está dejando notar en las zonas rurales. En ocasiones también puede ser utilizado para analizar esta situación respecto a usos comerciales o de servicios. Por ejemplo, la construcción de centros comerciales o tiendas pertenecientes a grandes cadenas sustituyendo a los pequeños negocios.

La palabra inglesa gentrificación deriva del sustantivo gentry que se refiere a la alta burguesía, pequeña aristocracia, familia bien o gente de bien. El término gentrificación fue utilizado por primera vez por la socióloga Ruth Glass en el año 1964 cuando se dedicó a estudiar los cambios sociales que se presentaban en Londres en relación al resto del territorio.

Ejemplos de gentrificación en el mundo

A continuación podemos ver casos concretos donde ya es un hecho. En Madrid sucede, ha sucedido o puede suceder en barrios como Malasaña, Lavapiés, Chueca, Tetuán. Y genera fervientes seguidores y muchas críticas. Un barrio poblado por gente atractiva, llenos de una agitada vida social y cultural, tiendas modernas, calles seguras, bares de diseño y muchos gin tonic, todo esto donde antes había un lugar abandonado y gris. Es el mismo caso que la zona Alameda - Feria en Sevilla, donde también está teniendo un caso parecido en barrios como Triana y asociados más a la recuperación de la zona hortofrutícola del arrabal. Otros ejemplos los tenemos en el barrio de Dalston el viejo “nuevo barrio de moda” de Londres que en 2009, la revista Vogue lo elevó a la categoría de ‘zona más cool de Londres’ y, desde entonces, hordas de modernos establecimientos se colocan a lo largo y ancho de sus tiendas orgánicas, los precios suben cada vez más junto a nuevos locales comerciales. Curiosos son los ejemplos de convivencia en el distrito chino de Milán y los cambios en Brooklyn para comprobar que una ciudad es siempre un espacio en constante mutación donde operan dinámicas de poder, haya o no un desplazamiento directo de la población. Otro caso llamativo, lo estamos viendo en Buenos Aires, donde con estrategias distintas por parte del gobierno local está transformando zonas como el Abasto, Palermo o Puerto Madero, a partir de la reestructuración económica neoliberal.

Gentrificación en el medio rural

En cuanto a las zonas rurales el proceso es similar aunque no está tan extendido como en las grandes y medianas urbes. Por lo tanto podemos decir que existe una gentrificación rural. En general la relación que más se analiza de gentrificación en el mundo rural va ligada al turismo residencial y su relación con la vulnerabilidad. Numerosos habitantes de nuestros pueblos se quejan de que el precio de las viviendas ha subido en los últimos años y que el acceso a ellas es para personas de fuera de la población. En nuestro post de junio del pasado año podéis ver estrategias para habitar lo rural. Así el modelo de turismo residencial implementado en el mundo rural es un productor de vulnerabilidad que agrava las condiciones de vida de determinados grupos sociales y dificulta o impide las posibilidades de individuos y familias de conseguir mejoras en sus niveles de bienestar. No estamos diciendo con ello que el turismo residencial sea lo peor para las zonas rurales sino que existen ejemplos de cómo el turismo agresivo y no sostenible mal aplicado termina provocando más daños y perjuicios que beneficios. No vamos a enumerar una gran lista, pero a todos se nos está viniendo a la mente algunos pueblos a los que nos gustaba ir y que se han convertido en algo inalcanzable debido a la especulación y a la construcción sin control y como ha perdido parte de su identidad cultural o incluso ya es inexistente. Se me viene a la mente la famosa serie de televisión ambientada en el pueblo de Nerja y como cambio totalmente su fisonomía. Si tenéis interés en el proceso de gentrificación en el siguiente estudio de Jordi Gascón y Ernest Cañada (Coord) Turismo residencial y Gentrificación rural profundizareis en una muestra de casos del levante español, la zona del Delta do Parnaiba en Brasil, la Ribera de Chapala en México o Vilcambaba en Ecuador o la gentrificacion rural en Mexico donde se analiza la zona rural del estado de Morelos y la convivencia entre rurales y neorurales.

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