Economía, Medio Ambiente, Participación, Sociedad

Cambio climático en zonas rurales

Es de justicia climática que el que contamina pague y el que conserve cobre por dicho esfuerzo. Valorar los esfuerzos es la única herramienta para sensibilizar y motivar a otros, de esta forma todos ganamos.

Desarrollar en el medio rural acciones que minimicen las emisiones de CO2 y que como consecuencia disminuyamos los efectos del cambio climático en el medio rural nos pilla muy lejos. Vivimos en lugares donde apenas hay contaminación e incluso algunos se encuentran bajo figuras de protección ambiental como parques naturales, parajes o incluso reserva de la biosfera. Figuras de protección que limitan en muchos casos el desarrollo en sectores como el industrial o agrícola a gran escala y sin embargo no se les reconoce la labor ambiental desde un punto de vista sostenible.

El medio rural sufre los efectos producidos por el cambio climático de primera mano y de forma directa afectando al día a día del medio rural.

¿Cuáles son las principales consecuencias del cambio climático en el medio rural?

  • Aumento de temperatura. Dicho aumento de temperatura afecta a la proliferación de insectos provenientes de zonas más cálidas que afectan directamente a la agricultura y a la ganadería desarrollando nuevas enfermedades.
  • Aumento de fenómenos meteorológicos extremos. Períodos de sequía con grandes inundaciones hacen que se arruinen cosechas y se ponga la producción de alimentos sanos. El cambio en las estaciones hace que se alteren los ciclos biológicos de floración y como consecuencia la alteración en la producción de alimentos.
  • Cambio de los ecosistemas. El aumento de periodos de sequía hace que ecosistemas ricos en vegetación y alimentación se conviertan en grandes superficies inertes por falta de agua y de materia orgánica en la superficie.
  • Peligro de extinción de especies vegetales y animales. Estos cambios desastrosos en los ecosistemas harán que muchas especies no tengan la capacidad de adaptarse a estas condiciones extremas y terminen desapareciendo. El mundo rural hace grandes esfuerzos para evitar la pérdida de especies animales y vegetales, el manejo del ganado de forma tradicional y el cultivo sostenible son sus herramientas para evitar la pérdida de especies.

El principio de que “el que contamina paga” , es un principio que ha venido aceptándose poco a poco desde la Comunidad Económica Europea y distintos organismos internacionales y que finalmente fue asumido por la Cumbre de Río en 1992. Sin embargo parece un principio que se queda corto y diría yo incompleto, podríamos completarlo y quedaría algo así: “el que contamina paga y el que conserva cobra”, sin duda así estaría mucho más equilibrado y aquellas zonas geográficas donde el balance es positivo a veces renunciando a la sobre explotación de recursos y por ende a la menor rentabilidad de sus explotaciones. Estos espacios con balances positivos deberían recibir ayudas económicas como contraprestación por no contaminar.

El mundo rural está reduciendo y minimizando el impacto climático global de una forma local y es de justicia climática que ese reconocimiento llegue con el objetivo de incentivar y potenciar para que el mundo rural y social este alineado con el desarrollo rural desde un punto de vista sostenible. El concepto de justicia climática hace referencia a la reducción de las desigualdades sociales que son generadas o provocadas por los efectos del cambio climático.  No siempre los que más contaminan son los que se ven afectados por sus consecuencias, sin embargo a todos se nos pide que reduzcamos y minimicemos las emisiones de CO2, es de justicia y equidad que esto vaya en consonancia con los niveles de contaminación.

Frenar las consecuencias del cambio climático es cosas de todos, tanto entidades locales, administraciones públicas, empresas privadas y asociaciones y organizaciones no gubernamentales. Potenciemos aquellas zonas o entidades que frenan el cambio climático para que cada vez sean más valoradas las actividades económicas que hacen las cosas bien por encima de aquellas que contaminan o agotan los recursos naturales.

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Foto Destacada: pexel.com

Comentarios

Bosco dice:

Estoy en sintonía con el trasfondo de tu texto, pero tengo que disentir en parte. Contaminamos poco, porque somos menos, y nuestra densidad demográfica es menor. Pero proporcionalmente, lo hacemos igual que el resto. Por ejemplo, nuestro parque de viviendas y nuestro estilo de vida es, en general, tan contaminante como el de las ciudades, y es igual de ineficiente desde el punto de vista del consumo energético. Vivir en la sierra tampoco nos dota automáticamente de mayor conciencia medioambiental individual, por desgracia. De hecho, yo me encuentro sorprendentemente con lo contrario en muchas ocasiones, y va a peor con las generaciones más jóvenes, que viven en el pueblo pero sueñan con un estilo de vida caracterizado por un consumo con una alta generación de residuos. No creo que se deba compensar al medio rural por las consecuencias de un cambio climático que no está claro que no ayudemos a generar, y sí, por el contrario, exigir más implicación pública hacia otro modelo de desarrollo, al que por desgracia no logramos sensibilizar, en masa crítica suficiente, a nuestros jovenes. Pero eso da para otro post… Un saludo compañerxs!

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