Desarrollo Rural, Sociedad

Soledad en nuestros pueblos, autoestima vulnerada

La Unión Europea considera despoblado un territorio cuando tiene menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado y eso ya ocurre en España.

Por Elena Fuster,

Es una realidad que el 65% de los municipios españoles perdió habitantes entre 2006 y 2015. Los fallecimientos superaron por primera vez en 2015 a los nacimientos, esta situación de crecimiento vegetativo negativo no sucedía desde hacía más de 74 años según datos e información del INE. Las comunidades más envejecidas encabezadas por Galicia, Castilla y León, Asturias y Aragón sienten como la despoblación rural en sus territorios aumenta y, año tras año se acrecienta el vacío estructural de sus pueblos. Sólo en la Comunidad de Aragón, la construcción de pantanos o el éxodo rural han dejado cientos de pueblos sin vida. Existen más de 116 pueblos y municipios sin población y, se está impulsando un plan de reconstrucción de pueblos abandonados por parte del Gobierno de Aragón. La iniciativa de sus habitantes e ilusión por recuperar población nos recuerda la caravana de niños que promovió el Ayuntamiento de Castelnou (Teruel) en 2010, último pueblo de la Comarca del Bajo Martín siguiendo el cauce de este río hasta su desembocadura en el Ebro y consiguió atraer 100 nuevos habitantes para que se instalaran, se repoblara el municipio y devolvieran su poder histórico y cultural de antaño.

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Cuando irte del pueblo era símbolo de progreso.

Se activa la oferta de empleo para recuperar la vida en los pueblos abandonados, se buscan familias, una llamada de auxilio para asentar y frenar la caída de población, revivir la cultura e identidad de cada territorio. El aislamiento, la falta de canalización de agua y expropiación de sus tierras son signos claros del abandono y deterioro de la identidad de cada comarca.

En los años 50 era una necesidad salir, emigrar para instalarse y empezar una nueva vida de desarrollo vital en los núcleos urbanos. Se deja de valorar lo que se tiene, no se hace uso de los recursos naturales que cada pueblo poseía, se busca fuera lo que se poseía dentro. Se percibía y se sentía un autoconcepto atractivo que suponía dejar los pueblos para trasladarse a las grandes ciudades como mejora de calidad de vida. Sin embargo ahora se está observando una creciente tendencia de retorno a los pueblos, especialmente por necesidad, desgaste y stress provocado por la falta de conciliación laboral, tiempo y dedicación a nosotros mismos.

La Unión Europea considera despoblado un territorio cuando tiene menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado y eso ya ocurre en España, concretamente en “Laponia del Sur. Generar ilusión y motivación a todos los habitantes que permanecieron en sus tierras y resistieron la llamada del éxodo, cuidando y protegiendo la riqueza de sus costumbres y prácticas pasadas debería ser prioritario para recuperar nuestra esencia como marca territorial.

Soledad en nuestros pueblos

Los habitantes se quedan solos, viven la soledad aprendida, viviendo una vida no escogida, sobrevenida. Paisajes y parajes olvidados, desconectados. No recuerdan cuando hablaron por última vez, cuando su voz se hizo sentir, cuando les escucharon. El mundo sigue avanzando, precipitado, pero ellos permanecen día a día, resistiendo, luchando por su tierra, por sus vidas, en algún rincón olvidado.

El valor intrínseco de cada pueblo, cada valle, cada comarca yace en sus gentes. Los pueblos son de sus gentes, pertenecen a sus gentes. La calidez y afectividad que se respira te adentra en su historia, su cultura y riqueza que impregna de valor añadido cada rincón, cada pueblo de España. Asentar población es recuperar identidad perdida, transportarse en el tiempo, en sus vidas, conocer su carácter y reafirmar su autoestima. No olvidemos, fortalezcamos vínculos, generemos lazos de unión. Sintamos las raíces, devolvamos a la madre tierra todo lo que nos ha aportado, construyamos para hacerles sentir que no están solos, que su soledad no ha sido fruto del abandono. Las relaciones unen, se crean vínculos sostenibles que fortalecen, dan fuerza, nos hacen felices.
Devolver la ilusión a sus gentes, diseñar estrategias que les permitan disfrutar de sus vidas, de su tierra. Hacerles prescriptores de ilusiones perdidas, para que sigan viviendo con sus gentes y entre sus gentes, puedan levantarse cada día ilusionantes, sintiendo que forman parte de la vida y nadie les olvida.

Los pueblos quieren transmitir su historia, sentirse vivos, renacidos. Si les olvidamos, sino recuperamos su autoestima, se habrá perdido la esencia de su tierra, el cáliz de su leyenda. Su herencia se congelará en el tiempo, sólo serán efímeros recuerdos, fábulas y leyendas.

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Comentarios

M. Jesús dice:

Muy buena entrada, como casi todas e interesantes reflexiones, lastima que en nuestro pueblo mucho me temo que ocurra lo mismo. Buen trabajo!!

Muchas gracias Manuel Jesús, gracias por tus comentarios. Si, efectivamente, si no hay medidas estratégicas a largo plazo me temo también que acabará ocurriendo lo mismo. Las medidas actuales son meramente paliativas. Saludos!

Anabel dice:

Gracias a que hay empresas comprometidas, almanatura, senderos de teja, y muchas más. Un abrazo para todos almanaturas! y Elena Fuster, sigue con tus publicaciones. Gracias por vuestra labor.

¡Hola Anabel! Un placer leerte por aquí. Hacen falta muchas más empresas que inviertan en propósito y busquen soluciones a los males de nuestro tiempo. Una economía más justa conseguirá un mundo mejor. ¡Muchos besos y pásate cuando quieras! :D

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