Desarrollo Rural, Economía

Pueblos resilientes, pueblos supervivientes

¿Están las zonas rurales preparadas para adaptarse y superar circunstancias traumáticas o adversas?

En la última década, hemos estado viviendo una gran vorágine de cambios y situaciones que parece que cada vez cuesta más asimilar: crisis económica a escala mundial, revolución tecnológica, nuevo éxodo rural, grandes movimientos migratorios… Los pueblos y los territorios rurales, se convierten además en las zonas con mayor vulnerabilidad ante estas situaciones, sobre todo debido a la realidad geográfica, socioeconómica y demográfica de las mismas, pero hay algo que puede ayudarnos a adaptarnos a ellas e incluso poder sacar algún rédito positivo de las mismas: la resiliencia.

La resiliencia, es una capacidad humana de adaptación o superación de circunstancias traumáticas o adversas. Si queremos explicarlo más metafóricamente, podemos imaginarnos una típica pelota antiestrés: podemos aplastarla, estrujarla, estirarla y hacer con ella todo lo que nos venga en gana, pero al final, siempre volverá a su estado original. La resiliencia es precisamente esa capacidad, el poder volver siempre a ser lo que fuimos, o adaptarnos a las realidades más hostiles con las que nos encontramos a lo largo en nuestro camino, permitiéndonos así a continuarlo con mayor seguridad y fortaleza.

Pero también podemos trabajar la resiliencia a un nivel colectivo y comunitario, de hecho, es una buena fórmula de mantener la supervivencia de nuestros pueblos, siendo capaces de enfrentarnos a los problemas que se nos presentan e intentando mantener siempre nuestra esencia.

Y entonces, ¿qué le sucede a un pueblo no resiliente? Pues que no será capaz de mitigar los efectos que los cambios nombrados anteriormente provocan, como pueden ser: la reducción de población y el envejecimiento de la misma, el aumento del desempleo, el aumento de la desigualdad, la pérdida de servicios públicos básicos y, sobre todo, y más grave si cabe, la desaparición del mismo.

En aras de evitar la aparición de dichos efectos, administraciones, población, empresas y demás entidades y agentes sociales, debemos trabajar codo con codo para conseguir pueblos resilientes, que sean capaces de adaptarse y sobrevivir con dignidad.

¿Cómo hacer de nuestros pueblos lugares resilientes?

En AlmaNatura, tenemos un largo recorrido de trabajo poniendo en valor lo rural y los pueblos, y todas las acciones y proyectos que llevamos a cabo, ayudan a mejorar esta capacidad allí donde intervenimos. Y hoy, intentaremos dar algunas ideas de acciones que podemos llevar a cabo para ello:

  1. Formación y reciclaje de empleados públicos y de la administración: Si hay personas que van a hacer que el pueblo funcione, son aquellas que trabajan en la administración del mismo. Pero nos encontramos con que, la mayoría de las veces se dan exactamente las mismas respuestas que se llevan dando siempre, a pesar de que las preguntas o, mejor dicho, las necesidades de la población, son totalmente diferentes. Precisamente, en esta medida, tenemos dilatada experiencia, como por ejemplo, el proyecto realizado hace unos meses junto con el Instituto Aragonés de la Juventud, quien nos solicitaba formación para los técnicos, técnicas y dinamizadores de los pueblos, buscando así mejorar la comunicación con los jóvenes del lugar y, por ende, el servicio ofrecido.
  2. Promoción de políticas, iniciativas y estrategias públicas adaptadas a las necesidades de la población: Aunque suele ser muy difícil precisamente lidiar con los cambios y las nuevas necesidades que se van creando, es muy necesario que la puesta en marcha de planes y proyectos den respuesta a las mismas. Como decía en el punto anterior, no sirve de mucho sacar adelante un programa desfasado, que no cubra ningún tipo de necesidad actual simplemente porque “se ha estado haciendo siempre”. Hace un par de años, realizamos en colaboración con el GDR “Sierra de Aracena y Picos de Aroche”, un estudio de nuevos yacimientos de empleo, en el que dábamos voz a todos los colectivos implicados en el desarrollo de la comarca, detectando así sus necesidades más acuciantes con vista a realizar después acciones concretas y realmente útiles en la zona.
  3. Generación de sinergias, puntos de encuentro y redes de trabajo: Si cada persona va buscando su propio interés, sin preocuparse por el resto de personas de su comunidad, difícilmente conseguiremos tener un pueblo cohesionado y aunado por el bien del mismo. Es vital para obtener una sociedad rural más resiliente que se creen espacios donde compartir, construir y crecer juntos, donde todos y todas pongan su granito de arena. Precisamente en AlmaNatura llevamos a cabo multitud de proyectos que, entre sus numerosos fines, siempre busca la generación de sinergias y redes, como por ejemplo el Proyecto GIRA Mujeres, donde, ponemos en contacto y conectamos a las mujeres empresarias de un mismo pueblo o zona, generándose además mayor riqueza en el lugar. Además, este otoño comenzará a funcionar también nuestro Espacio AlmaNatura, un lugar de encuentro para las personas de la comarca interesadas por el desarrollo rural.
  4. Aumento de las iniciativas de agentes sociales y fortalecimiento de las ya existentes: La población general tiene que ser también protagonista del funcionamiento del pueblo, y puede aportar mucho a esa adaptación a las nuevas situaciones que venimos hablando. El apoyo administrativo a estas iniciativas es vital para que se puedan llevar a cabo, apoyo tanto a nivel logístico, como económico y de recursos necesarios, pues es de lo que más necesitadas suelen estar las asociaciones y otras entidades de estas características. Apostar por el asociacionismo en los pueblos es apostar por la variedad, por las oportunidades y por la cohesión de la población.
  5. Dotación de mayor protagonismo a la juventud y la infancia de la localidad: En la mayoría de mis post, he reiterado hasta la saciedad la importancia que tiene para un pueblo que jóvenes, niños y niñas se sientan protagonistas de lo que sucede en el mismo. Cuanto más joven es una persona, más adaptabilidad al cambio tiene y mayor capacidad de aprendizaje, por lo que es vital para la supervivencia de los pueblos, que las personas más jóvenes sean escuchadas y tomadas como referentes en las cuestiones que conciernen a toda la población. Además, con un buen apoyo, sus intervenciones serán siempre multiplicadoras, incitando a las generaciones siguientes a seguir sus pasos, manteniendo con vida el lugar en el que viven.

Aunque parece no ser fácil trabajar la resiliencia de los pueblos, con algunas ideas clave y con muchas ganas, podemos hacer que las zonas rurales sean capaces de adaptarse a las nuevas realidades a las que han de enfrentarse, reduciendo su vulnerabilidad y, sobre todo, asegurando su supervivencia.

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