Hasta hace relativamente poco, la principal y casi única actividad económica en las zonas rurales, ha sido la agricultura y la ganadería. Estas actividades permitían a los y las habitantes de estas zonas mantener cierto grado de autosuficiencia, a través del aprovechamiento de sus recursos naturales. Sin embargo, a principios del siglo xx, coincidiendo con la expansión del sector industrial, estas actividades comenzaron a debilitarse.

Este es el contexto de la juventud rural en nuestros días

Los jóvenes rurales se  desenvuelven entre la incertidumbre que genera la falta de perspectivas de futuro y la desmotivación provocada por la desestructuración social y cultural de las comunidades rurales. Sin embargo la presencia e implicación de la juventud rural en el proceso de desarrollo de las comunidades rurales es esencial para asegurar su continuidad y aportan un enorme potencial de renovación y dinamización.
De acuerdo al Informe Anual de Indicadores del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (2014), el descenso de la población joven del medio rural es progresivo desde los años 70. La marcha de los más jóvenes ha provocado que en la actualidad, 7 de cada 10 personas de nuestro país vivan en áreas urbanas y en muchos de nuestros pueblos, según el padrón municipal, no se registra población menor de 15 años.

El potencial de la juventud rural es fuente de dinamización

Sin embargo, como casi todo, el perfil de los jóvenes rurales, ha cambiado. Muchos de ellos salieron de sus pueblos buscando oportunidades educativas y culturales carentes en sus lugares de origen. La escasez de instituciones de enseñanza, las largas distancias con los centros educativos y las carencias de transporte escolar hacen del medio rural un entorno hostil para que los jóvenes puedan llevar a cabo los estudios en su propio medio.
Este hecho, que, en principio empezó siendo una alegría, ya que hace unos años eran pocos los jóvenes que podían salir de sus pueblos para estudiar en universidades, actualmente parece que se esté convirtiendo en un problema grave del medio rural. Los jóvenes salen de su entorno buscando formación y posteriormente oportunidades que no encuentran fácilmente, el problema está en que, aun así, aunque no encuentren una salida profesional acorde a sus expectativas, pocas veces vuelven.

Jóvenes con otros intereses y no por ello menos válidos

Pero es cierto que no todos los jóvenes del medio rural acceden a una formación universitaria, en ocasiones por falta de oportunidad o problemas derivados de la economía familiar, pero en otras porque no es este su objetivo.
Hay un sector de esta población que está intentando quedarse “haciendo lo que siempre se ha hecho”, trabajando el campo y tratando de vivir de él. Un número elevado de estos jóvenes trabajan en la agricultura en España, la cual depende directamente de la tradición agraria de la zona y la propiedad de la tierra.
Son estos los principales problemas que encuentra este grupo de población para subsistir en su medio, además del “rechazo social” que supone no acceder a una formación académica superior que, parece ser, debería convertirse en el objetivo principal de todo joven de este país, si no es así, se les tacha de incultos, vagos o con poca iniciativa.

Se trata de ser especialista en lo que se necesita

Sin embargo estos jóvenes sí tienen preparación, saben “trabajar en lo suyo”, adquieren conocimientos y formación práctica de la experiencia, del contacto con los mayores, son el relevo generacional necesario para que ciertas prácticas laborales y sumamente necesarias, no desaparezcan.
El problema principal empieza cuando de un “marco laboral legal” se trata. Se necesita cierta cobertura para desempeñar estas labores profesionales con las garantías de seguridad y cobertura necesarias, no solo se trata de “ganarse el pan haciendo lo que uno sabe”, sino de poder hacerlo de forma profesional, con preparación, con recursos, con soportes y marcos legales.

Existen modelos de negocio en el mundo rural que dan empleo a jóvenes y cumplen una importante función social

En este contexto aparecen una serie de empresas, la mayoría de ellas creadas por personas que se ajustan al perfil anteriormente descrito, es decir, que toda su vida ha trabajado en el campo y es esto lo que realmente sabe hacer, y lo hace muy bien; que han buscado y encontrado esa salida necesaria y ese marco profesional desde el que desempeñar su trabajo y su labor social. Y es que este tipo de pequeñas empresas dedicadas al trabajo forestal, agrario o ganadero, dan cabida y oportunidad a los jóvenes a los que nos estamos refiriendo.

Un ejemplo claro y muy cercano de ello es la empresa Trabajoforestal, a la que mentorizó Almanatura, y que se dedica a la realización de trabajos forestales, obras y mantenimiento en el medio rural.
Desde hace más de 20 años, Manuel Márquez, fundador de esta empresa,  ha limpiado montes, realizado repoblaciones forestales, restauraciones ambientales, descorche de alcornoques y poda de todo tipo de árboles, así como obras de carácter rural. Esta empresa de reciente creación y con sede en Arroyomolinos de León, en la Sierra de Huelva, surgió de la detección por parte de su fundador de necesidades como las que presentamos más arriba; él siempre se había dedicado al trabajo “en el campo”, sin embargo, no había un marco de trabajo estable en este sector que le garantizara una estabilidad económica y laboral. Por ello se “lió la manta a la cabeza” y constituyó su propia empresa.
Hoy en día, esta pequeña empresa forestal da trabajo a un gran número de jóvenes (y no tan jóvenes) de su pueblo; trabajo estable, con un respaldo real en cuanto a permisos, seguros laborales, etc; un trabajo que propicia el cambio generacional y que además forma a personas que tienen claro que se quieren quedar en su pueblo y que es una salida tan digna como otra cualquiera.

El medio rural ofrece oportunidades estratégicas de gran relevancia para el desarrollo de actividades emprendedoras

Hemos puesto como ejemplo la empresa Trabajo Forestal, pero no es la única, de hecho en la misma zona se encuentran varias empresas decidadas al mismo sector.

Y es que este tipo de trabajos siempre son necesarios, es decir, el mercado es amplio. Además tienen el aliciente de, en muchos casos, tratarse de trabajos tradicionales, manuales, realizados como “siempre se ha hecho” que conservan, sólo por eso, un valor único, tradicional y cultural, que no deberíamos dejar que se perdiera por nada.

Un alto nivel de motivación

Pero también es cierto que es mayor la demanda de empleo que la oferta, llegan a este tipo de empresas más solicitudes de trabajo de las que realmente pueden cubrir. Es decir, es posible que, aun tratándose de municipios de pocos habitantes, haya cabida para más de una empresa de este tipo. Habrá que esperar que siga habiendo valientes capaces de enfrentarse a los problemas que se les presentan, que tampoco es que están libres de ellos.

Y es que es cierto que existe un amplio abanico de posibilidades para desarrollar la actividad emprendedora en el medio rural, así como un alto nivel de motivación para el desarrollo de actividades emprendedoras y de innovación y esto a pesar de la coyuntura socioeconómica actual y de la lentitud con que se producen los cambios sociales y culturales en el medio rural. El medio rural ofrece oportunidades estratégicas de gran relevancia para el desarrollo de actividades emprendedoras.

La vida en los pueblo sigue, y solo los que vivimos en ellos podemos hacerla vida de calidad.

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Todos parecemos ser conscientes, en mayor o menor medida, de que la crisis ambiental que padecemos es un problema que nos implica a cada uno de nosotros. También es cierto que se está produciendo un proceso de creciente sensibilización y concienciación de las personas respecto a las implicaciones que dicha crisis ambiental provoca en nuestro entorno. Entonces...¿por qué el proceso de decadencia y destrucción continúa? ¿Qué grado de protagonismo en esa tendencia está teniendo el mundo rural?

Más esfuerzo para el mundo rural

Las empresas ubicadas en las ciudades, en polígonos industriales en la periferias urbanas, etc., poseen muchos más recursos para la gestión de todos sus residuos que cualquier empresario o habitante del mundo rural. Los agricultores y los ganaderos, por ejemplo, generan cantidades muy pequeñas de diversos tipos de residuos y se ven en las dificultad manifiesta de poder reciclarlos, en contraposición a lo que ocurre en las ciudades. El medio ambiente y el desarrollo en el mundo rural, a veces, padecen esas contrariedades en cuanto a la realidad del reciclaje se refiere.

En el entorno rural, el esfuerzo que se exige de reciclar y tener una mentalidad o forma de vida medioambientalmente positiva es mucho más exigente. Un sobresfuerzo que empieza en la falta de medios e inversión (como puede ser el simple hecho, en muchos casos, de la inexistencia de cubos de basura, por ejemplo) y que termina en la casi lejanía kilométrica de los conocidos como “puntos limpios”.

Si tan importante para el interés general es proteger el medioambiente, no podemos crear una brecha en cuanto medios técnicos ciudad/campo. Esas carencias, sumadas a la falta de protagonismo de la población rural en las campañas de concienciación sobre reciclaje y cultura ecológica, hace que dicho entorno rural se vea ajeno a esas propuestas que nos demandan ser “recicladores”.
En una sociedad como la nuestra, en la que se prioriza el consumo instantáneo y fugaz, convirtiéndose este en un conducto principal de interacción social, no debe extrañarnos de que todo lo que puede perturbar a nuestros hábitos consumistas se perciba como algo negativo. Son muchos los que relacionan el concepto de ahorro energético con el de sacrificio, considerando la acción ambiental como un lujo aplazable y que, en ningún caso, ha de suponer gasto de dinero de nuestros bolsillos ni renuncia a nuestra voracidad consumista. La mayoría de los urbanitas van al campo y desconocen el impacto medioambiental que suponen en la naturaleza y que han de soportar estoicamente las poblaciones rurales que los acogen. Pueblos que en épocas estivales llegan a tener el cuádruple de su población se ven sobrepasados en esas fechas en cuanto a gasto energético e infraestructuras locales, con el consiguiente deterioro del entorno.

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Una educación ambiental para todos y no discrecional

Y es en este panorama tan hostil donde la educación ambiental ha de lograr mostrar que la abrumadora explotación de los recursos naturales conlleva una merma de nuestras condiciones de vida (por ejemplo, y entre otros muchos, mayores niveles de contaminación) e implementar pautas que nos predispongan a actuar de manera responsable y solidaria. Pero pautas no excluyentes y en las que el ámbito urbano y el ámbito rural queden implicados en la sensibilización sobre la problemática medioambiental.

Por mucho que las campañas publicitarias nos adoctrinen sobre la necesidad de un cambio hacia un consumo más responsable y equitativo de los recursos, por mucho que se inviertan ingentes cantidades de dinero en campañas informativas promocionando el ahorro y la eficiencia energética, correremos siempre el riesgo de determinar objetivos o metas poco realistas y de difícil consecución, por lo que se hace necesario el establecimiento de soluciones concretas a problemas concretos.

Debemos comprender que la gente, y más en el medio rural, necesita obtener algún tipo de contraprestación o beneficio (económico, social...) derivado de ese cambio de comportamiento que con tanta vehemencia le estamos demandando. Hemos de lograr que la propia educación ambiental motive a las personas en los núcleos rurales (y no únicamente a las de las urbes) para que el reciclado de basura, el ahorro de agua o el uso de energías menos nocivas, sean actos de participación en los que esas mismas personas se sientan estimuladas e identificadas con la conservación del entorno. La gente realiza el esfuerzo de participar cuando percibe que ese mismo esfuerzo puede servir de algo. Si creamos campañas excluyentes en las que la sensibilización solamente aparezca como atributo de los ciudadanos y no de los pobladores del campo, seguiremos por el mal camino.
Hace falta concienciación, sí, es cierto, pero también inversión en formación, en la creación de alternativas ecológicas sin sobrecostes para emprendedores en el medio rural, en disminuir la carga de reciclar por el mero hecho de vivir en el campo y dedicación seria en formación ecológica.

Desgraciadamente, esta ciudadanía que tantos quieren aleccionar sobre los beneficios que la conciencia ecológica atesora, se encuentra inmersa en una estructura social en la que el derroche energético se ha generalizado e, incluso, institucionalizado. Si los propios poderes públicos no predican con el ejemplo, difícilmente vamos a lograr un espacio más allá de las ciudades en los que la responsabilidad y compromiso con el problema ambiental sea un asunto de todos y podamos ver más allá del perímetro urbano que nos rodea.

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Cuanto más lo pienso, cuanto más lo experimento y cuanto más lo converso, más claro lo veo: el jefe es un motor indiscutible de la Responsabilidad Social Corporativa en las empresas, y de hecho es el estilo de dirección el que permite que la empresa sea responsable.
Si lo miramos desde la perspectiva en la que la Responsabilidad Social Corporativa se basa en las personas y especialmente en las personas de dentro de la organización, para mí es evidente que los trabajadores se implicarán o no con la RSC de la empresa en la que trabajan en función de cómo les dirijan. Y si no se implican, no hay RSC.

Así que los jefes tienen una función más. Además de impulsar equipos de profesionales eficaces, pueden impulsar la Responsabilidad Social Corporativa más potente, que es la que está basada en las personas. ¿Cómo? Pues básicamente ejerciendo una buena comunicación basada en la trascendencia.

Dirigir por trascendencia

Partamos de una certeza, de una ley fundamental que da sentido a todo mi trabajo: es imposible no comunicar. Además, estaremos de acuerdo en que dirigir personas es sobre todo una cuestión de comunicación interpersonal. O sea, que la comunicación de los jefes, tanto la oficial como esa que es imposible de evitar, influye de forma decisiva en los trabajadores, en la calidad de lo que hacen, en sus preocupaciones, en sus valores y en la forma en la que se implican impulsando tareas y políticas de la empresa. Esto es evidente. Pues basándonos en esa evidencia, podemos asegurar que dirigir por trascendencia es lo que impulsa la RSC y los equipos más eficientes.
Gestionar personas basándote en la trascendencia de las cosas no es un concepto espiritual, sino literal. Según el diccionario, trascendencia es la consecuencia o el resultado importante de algo, así que se trata de aplicar su definición literal al menos a tres de las principales funciones de la dirección de personas: instrucción, delegación y evaluación del desempeño.

Funciones de la dirección de personas

Instruir

Instruir es una función de los jefes que suele estar infravalorada. Todos los jefes deberían trabajar la complicada habilidad de enseñar a sus trabajadores y, sobre todo, darles el tiempo necesario suficiente para dominar la tarea. Es lo más complicado. Por eso vemos con demasiada frecuencia jefes que prefieren hacer las cosas ellos antes de delegarlas, o que exigen calidad sin sentido.
Instruir por trascendencia, además de enseñar, es comunicar al empleado las consecuencias positivas y negativas de eso que se le está enseñando en el global de la empresa, por muy rutinario o básico que sea. Toda tarea tiene su impacto y su resultado, y esa es su trascendencia.

Delegar

En esta misma línea, delegar por trascendencia no puede ser una lista de tareas a desarrollar ni órdenes más o menos rígidas. Delegar por trascendencia es una comunicación clara de qué hacer y sobre todo del porqué de esa tarea en el objetivo global o parcial de la organización.

Evaluar

La evaluación del desempeño es otro importante exponente de la comunicación del jefe, quizás el más importante, y por tanto lo que más impacto tiene en el comportamiento y resultado de los empleados. Por eso evaluar por trascendencia es lo que puede impulsar más a las empresas responsables. Hacer una buena evaluación por trascendencia exige tiempo de dedicación y honestidad de los jefes para pensar las consecuencias positivas y negativas del trabajo de cada uno de sus empleados en los resultados y objetivos de la empresa. Evaluar por trascendencia es crucial en el impulso de una plantilla comprometida e implicada, porque las personas nos implicamos y nos motivamos cuando sentimos que importamos, y cuando sabemos qué aportamos.

Por tanto, compromiso y motivación es lo que garantiza el jefe cuando se centra en la trascendencia de su comunicación con sus empleados, esto es, cuando es responsable de su comunicación. Así genera plantillas comprometidas capaces de impulsar políticas de responsabilidad social corporativa, que no es otra cosa que la forma en la que la organización en la que trabajan también se hace responsable de su comunicación. Ni más ni menos.

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Entendemos por cultura todas aquellas manifestaciones materiales, espirituales e ideológicas que representan a una o varias personas y que las identifican como parte de un conjunto mayor de individuos. Es un bien exclusivo del hombre que iguala a todos los individuos, ya que todos podemos crearla, pero que al mismo tiempo nos hace diferentes, porque cada uno crea su propia cultura, aumentando así la riqueza del ser humano.
La cultura, en otras palabras, es la suma de todas las formas de arte, de amor y de pensamiento, que con el paso del tiempo han permitido a los seres humanos ser más libres.

Es ese vínculo invisible que une personas y expone formas de pensar y de vivir.

Cada cultura es especial, distinta y es esa diversidad lo que más nos enriquece. Y esto, trasladado al entorno rural, nos hace pensar en multitud de diferencias, peculiaridades, características, costumbres, modos y formas de vida y por lo tanto de personas que, debido a ellas o, gracias a ellas, se sienten unidas, seguras, con identidad propia, diferentes al resto precisamente por estas manifestaciones culturales, pero iguales también por el hecho de conocer que en cada rincón, en cada pueblo, se dan las mismas circunstancias.

Por lo tanto, las representaciones culturales como el arte, el teatro, la música, la literatura, el lenguaje y la religión, junto con los valores y creencias de una comunidad, forman su esencia y se manifiestan a través del estilo de vida de quienes pertenecen a ella.
Para los habitantes de entornos rurales es importante identificar estas manifestaciones culturales y ponerlas en valor puesto que les confieren una identidad propia y les ayudan a forjar el carácter, pero además les unen a las personas y el entorno en el que se desenvuelve su vida.

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La cultura nos une y nos da sensación de seguridad.

El idioma que hablamos, el arte, la literatura y el patrimonio del que estamos orgullosos, la gastronomía, las fiestas, las costumbres y tradiciones, juntos forman nuestra cultura, se convierten en una parte de la vida diaria e influyen en nosotros de muchas maneras. El entorno rural es un marco privilegiado donde estos valores se cultivan y protegen casi de forma natural. Vivir en un pueblo implica, casi desde la cuna, conocer su historia, sus tradiciones, el porqué de sus fiestas y costumbres, sus lugares emblemáticos, característicos, y saber “defenderlos”, mostrarlos, presumir de ellos.
Desde pequeña mi madre nos ha contado las “leyendas” de mi pueblo, el sentido de sus tradiciones, por qué el 15 de Agosto por la mañana la Virgen visita la Cruz de la calle con ese nombre. Recuerdo a mi abuelo, sentado al lado de la candela después de venir del campo, contándome una y otra vez cómo se molía en los molinos de agua, quién le daba la “llave” a quién, cómo se escondían de la guardia civil en aquellos tiempos en los que estuvo prohibido moler. Y así un sin fin de historias propias de aquí, de mi pueblo, de mi gente. Por supuesto estas historias se las cuento yo ahora a mis hijas, me preocupo de que conozcan qué son esos restos de piedra con “formas raras” dispersos por el pueblo, o por qué se quema romero el día 12 de junio en las plazas del pueblo.

Conocer y valorar nuestra cultura hace que sintamos como propio nuestro pueblo y lo que sucede en él; hace que queramos quedarnos en él.

Y, cómo decíamos antes, todo esta riqueza puede y debe ser expresada de forma “artística”, para poder mostrarla, pero también para hacerla más propia, más viva, más cercana, y sobre todo para unir a las personas, entre ellas y a su entorno; para enraizar gentes a sus pueblos, para fijar esa población que, tras encontrar un modo de vida, encuentra en estos valores el anclaje para quedarse, para hacer suyo el entorno en el que vive y que siente como propio.
Para esto las instituciones deberían encontrar el modo de ser agentes culturales. Se debe considerar el desarrollo cultural como verdadero motor del desarrollo económico y social y no como un lujo del que se puede prescindir. Y hubo un tiempo en que parece ser que esto se entendía o había fondos para llevarlo a cabo. Hoy en día se considera lujo todo lo relacionado con lo cultural, pero, por fortuna, han entrado en juego empresas privadas, como Alma Natura, a las que socialmente les preocupan temas tan acuciantes como fijar esta población rural que en temas culturales han sido abandonados o al menos sus habitantes puede que así lo sientan.

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Las empresas con fines sociales se preocupan de poner en valor la cultura de los pueblos para ayudar a fijar su población.

Jornadas patrimoniales, conmemoraciones de hechos históricos, cuentos tradicionales en marcos peculiares, funcionamiento de antiguas construcciones, folklore popular, canciones, poemas, retahílas, historias...infinidad de actividades que se pueden ofrecer a los habitantes de entornos rurales a través de manifestaciones culturales como la música, el teatro, el baile, el canto, etc. y todo ello a través de agentes culturales que, o bien sepan buscar quienes puedan mostrar estas peculiaridades a los habitantes de sus pueblos, o bien sepan hacerlos partícipes de actividades culturales propias en las que ellos mismos sean constructores y mantenedores de su historia y sus costumbres, pudiendo materializarse en aulas de música, talleres de teatro o escritura, corales, etc.
Con estas herramientas, que no es tan difícil conseguir, los mismos habitantes de estos núcleos rurales se acercan a su propia cultura desde otro punto de vista, más cercano, sintiéndola propia y a la vez con valor, se alejan del tópico que afirma que de los pueblos y sus gentes no puede salir nada que merezca la pena culturalmente. Ellos mismos se sentirán unidos y valorados en su entorno, muestra palpable de ello pueden ser los numerosos grupos de teatro aficionado, que de una u otra forma consiguen mantenerse en muchos pueblos y que ofrecen cultura de calidad a sus vecinos. Por fortuna participé de uno de estos grupos durante bastante tiempo y junto a otras personas di vida a otros colectivos dependientes de este primer movimiento teatral en Arroyomolinos de León; de todos ellos han surgido producciones y uniones de personas que se han valorado dentro y fuera del municipio, además de, gracias a las redes sociales, atraer y mantener en cierto modo unidos a su pueblo, a aquellas personas que por una u otra razón se marcharon y en estas manifestaciones culturales se sienten más cerca de sus orígenes y en algunos casos incluso los animaron a volver y buscar aquí un modo de vida que les hace sentir parte de algo, parte de su tierra y de su gente.

La cultura invita a echar raíces, a quedarse en el lugar del que te sientes parte.

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Desarrollar en el medio rural acciones que minimicen las emisiones de CO2 y que como consecuencia disminuyamos los efectos del cambio climático en el medio rural nos pilla muy lejos. Vivimos en lugares donde apenas hay contaminación e incluso algunos se encuentran bajo figuras de protección ambiental como parques naturales, parajes o incluso reserva de la biosfera. Figuras de protección que limitan en muchos casos el desarrollo en sectores como el industrial o agrícola a gran escala y sin embargo no se les reconoce la labor ambiental desde un punto de vista sostenible.

El medio rural sufre los efectos producidos por el cambio climático de primera mano y de forma directa afectando al día a día del medio rural.

¿Cuáles son las principales consecuencias del cambio climático en el medio rural?

El principio de que "el que contamina paga" , es un principio que ha venido aceptándose poco a poco desde la Comunidad Económica Europea y distintos organismos internacionales y que finalmente fue asumido por la Cumbre de Río en 1992. Sin embargo parece un principio que se queda corto y diría yo incompleto, podríamos completarlo y quedaría algo así: "el que contamina paga y el que conserva cobra", sin duda así estaría mucho más equilibrado y aquellas zonas geográficas donde el balance es positivo a veces renunciando a la sobre explotación de recursos y por ende a la menor rentabilidad de sus explotaciones. Estos espacios con balances positivos deberían recibir ayudas económicas como contraprestación por no contaminar.

El mundo rural está reduciendo y minimizando el impacto climático global de una forma local y es de justicia climática que ese reconocimiento llegue con el objetivo de incentivar y potenciar para que el mundo rural y social este alineado con el desarrollo rural desde un punto de vista sostenible. El concepto de justicia climática hace referencia a la reducción de las desigualdades sociales que son generadas o provocadas por los efectos del cambio climático.  No siempre los que más contaminan son los que se ven afectados por sus consecuencias, sin embargo a todos se nos pide que reduzcamos y minimicemos las emisiones de CO2, es de justicia y equidad que esto vaya en consonancia con los niveles de contaminación.

Frenar las consecuencias del cambio climático es cosas de todos, tanto entidades locales, administraciones públicas, empresas privadas y asociaciones y organizaciones no gubernamentales. Potenciemos aquellas zonas o entidades que frenan el cambio climático para que cada vez sean más valoradas las actividades económicas que hacen las cosas bien por encima de aquellas que contaminan o agotan los recursos naturales.

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La empresa social debe estar continuamente creando nuevas soluciones que cubran nuevas necesidades sociales que están apareciendo en nuestro día a día. Para crear esas soluciones es muy importante que nuestra creatividad este entrenada y lista para ponerla al servicio de cualquier cuestión a resolver.

Por ello, en está ocasión vamos a hablar de la creatividad aplicada a la innovación social y emprendimiento social como herramienta para generar nuevas soluciones a nuevas necesidades sociales. ¡Espero que os sea de utilizad para vuestro día a día!

Nuestro cerebro suele fluir entre dos aguas, por un lado intenta no salirse del área de confort para no tenerse que enfrentar al miedo a lo desconocido, al dolor o la frustración. Por otro lado, existe una energía que emana desde el centro de nuestro ser, que está orientada a la expansión, a la curiosidad de explorar cosas nuevas y asumir riesgos. Todo esto se traduce en una simple elección. Es cierto, que existen muchos obstáculos desde la infancia hasta nuestro entorno laboral, que merman esa elección y crean pocas oportunidades para nuestro lado más explorador. Las ideas que van a transformar paradigmas como ocurre en el emprendimiento social, incorporan una barrera más y es que la decisión de que aporte valor a la sociedad, vendrá de la evaluación social del colectivo foco. Para poder romper esta tendencia, tenemos que pagar un precio que se traduce en esfuerzo, aprendizaje, desaprendizaje y tiempo.

Esfuerzo. Poner en marcha este motor será el resultado del esfuerzo de elegir al principio un camino más complicado. Inventar e innovar son los dos motores básicos del emprendimiento social, sin ellos será imposible desarrollar nuevas ideas y oportunidades.

Aprendizaje. La neuroplasticidad de nuestro cerebro nos permite ser capaces de modificar nuestros conceptos archivados sobre la creatividad y entrenar nuestra mente para aplicar nuestra capacidad creativa en el diseño de ideas que cambien el mundo.

Desaprendizaje. Para impulsar el pensamiento creativo es necesario desaprender y romper barreras entorno a las ideas y juicios conocidos, para crear un escenario virgen donde todas las ideas por muy locas que fueran, sean bienvenidas.

Tiempo. Este es uno de los factores más influyentes en la generación de las ideas, ya que por mucho que nos esforcemos se requiere de tiempo y energía para estimular nuestra mente con estímulos que produzcan una corriente útil creativa hacia algo que puede ser traducido en un producto/servicio real.

A continuación vamos a aprender las claves que nos harán traducir una necesidad en una idea innovadora.

Generando oportunidades

La innovación social es un modelo que implica a personas, organizaciones y a la sociedad en su conjunto, donde el eje fundamental son los usuarios finales y donde se generan oportunidades a nivel individual de una forma sostenible, garantizando un desarrollo personal y social saludable y como soporte que garantice una fusión donde se empodere a la ciudadanía y al emprendedor social.

Una vez localizada la necesidad a través de el mapa de empatía u otras herramientas, es necesario transformarlas en ideas que se traduzcan en oportunidades de emprendimiento social. Generaremos una semilla suficientemente amplia para garantizar el despliegue de numerosas alternativas que surjan de la creatividad, pero debemos de apostar por unos límites que nos sirvan de ayuda. Para ello, os propongo el siguiente ejercicio: “¿Cómo podríamos…?” En él encontraremos tres columnas destinadas el usuario o colectivo foco, la necesidad que hemos detectado en nuestro anterior análisis y el insght que hace referencia a las causas de esa necesidad. A continuación, formularemos preguntas con el cómo que nos darán las pistas para el desarrollo de productos/servicios sociales.

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1 + 1 = Elefante

Existen muchas técnicas de creatividad y muchos expertos que hablan de ella, como Edward De Bono, Ismael Pantaleón, Guzmán López, etc. Pero lo complicado es materializar una idea en algo real, algo que pueda ser traducido en un proyecto. Amalio Rey y su equipo creo Innobox una caja donde se guardan moldes que puedes aplicar para poder generar ideas valiosas. Aquí os dejo el enlace para que podáis aplicar algunos de los modelos en vuestra idea o bien para que os sirva de estímulo para implementar la innovación como propuesta de valor en vuestras ideas sociales.

 Innobox  por Amalio Rey

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Imagen Destacada: pixabay.com

Por Elena Fuster,

Es una realidad que el 65% de los municipios españoles perdió habitantes entre 2006 y 2015. Los fallecimientos superaron por primera vez en 2015 a los nacimientos, esta situación de crecimiento vegetativo negativo no sucedía desde hacía más de 74 años según datos e información del INE. Las comunidades más envejecidas encabezadas por Galicia, Castilla y León, Asturias y Aragón sienten como la despoblación rural en sus territorios aumenta y, año tras año se acrecienta el vacío estructural de sus pueblos. Sólo en la Comunidad de Aragón, la construcción de pantanos o el éxodo rural han dejado cientos de pueblos sin vida. Existen más de 116 pueblos y municipios sin población y, se está impulsando un plan de reconstrucción de pueblos abandonados por parte del Gobierno de Aragón. La iniciativa de sus habitantes e ilusión por recuperar población nos recuerda la caravana de niños que promovió el Ayuntamiento de Castelnou (Teruel) en 2010, último pueblo de la Comarca del Bajo Martín siguiendo el cauce de este río hasta su desembocadura en el Ebro y consiguió atraer 100 nuevos habitantes para que se instalaran, se repoblara el municipio y devolvieran su poder histórico y cultural de antaño.

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Cuando irte del pueblo era símbolo de progreso

Se activa la oferta de empleo para recuperar la vida en los pueblos abandonados, se buscan familias, una llamada de auxilio para asentar y frenar la caída de población, revivir la cultura e identidad de cada territorio. El aislamiento, la falta de canalización de agua y expropiación de sus tierras son signos claros del abandono y deterioro de la identidad de cada comarca.

En los años 50 era una necesidad salir, emigrar para instalarse y empezar una nueva vida de desarrollo vital en los núcleos urbanos. Se deja de valorar lo que se tiene, no se hace uso de los recursos naturales que cada pueblo poseía, se busca fuera lo que se poseía dentro. Se percibía y se sentía un autoconcepto atractivo que suponía dejar los pueblos para trasladarse a las grandes ciudades como mejora de calidad de vida. Sin embargo ahora se está observando una creciente tendencia de retorno a los pueblos, especialmente por necesidad, desgaste y stress provocado por la falta de conciliación laboral, tiempo y dedicación a nosotros mismos.

La Unión Europea considera despoblado un territorio cuando tiene menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado y eso ya ocurre en España, concretamente en "Laponia del Sur". Generar ilusión y motivación a todos los habitantes que permanecieron en sus tierras y resistieron la llamada del éxodo, cuidando y protegiendo la riqueza de sus costumbres y prácticas pasadas debería ser prioritario para recuperar nuestra esencia como marca territorial.

Soledad en nuestros pueblos

Los habitantes se quedan solos, viven la soledad aprendida, viviendo una vida no escogida, sobrevenida. Paisajes y parajes olvidados, desconectados. No recuerdan cuando hablaron por última vez, cuando su voz se hizo sentir, cuando les escucharon. El mundo sigue avanzando, precipitado, pero ellos permanecen día a día, resistiendo, luchando por su tierra, por sus vidas, en algún rincón olvidado.

El valor intrínseco de cada pueblo, cada valle, cada comarca yace en sus gentes. Los pueblos son de sus gentes, pertenecen a sus gentes. La calidez y afectividad que se respira te adentra en su historia, su cultura y riqueza que impregna de valor añadido cada rincón, cada pueblo de España. Asentar población es recuperar identidad perdida, transportarse en el tiempo, en sus vidas, conocer su carácter y reafirmar su autoestima. No olvidemos, fortalezcamos vínculos, generemos lazos de unión. Sintamos las raíces, devolvamos a la madre tierra todo lo que nos ha aportado, construyamos para hacerles sentir que no están solos, que su soledad no ha sido fruto del abandono. Las relaciones unen, se crean vínculos sostenibles que fortalecen, dan fuerza, nos hacen felices.
Devolver la ilusión a sus gentes, diseñar estrategias que les permitan disfrutar de sus vidas, de su tierra. Hacerles prescriptores de ilusiones perdidas, para que sigan viviendo con sus gentes y entre sus gentes, puedan levantarse cada día ilusionantes, sintiendo que forman parte de la vida y nadie les olvida.

Los pueblos quieren transmitir su historia, sentirse vivos, renacidos. Si les olvidamos, sino recuperamos su autoestima, se habrá perdido la esencia de su tierra, el cáliz de su leyenda. Su herencia se congelará en el tiempo, sólo serán efímeros recuerdos, fábulas y leyendas.

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