El otro día escuchando la entrevista que le realizó la compañera Mª Ángeles Ávila a Isabel Bombal, directora de Desarrollo Rural, Innovación y Formación Agroalimentaria del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, dentro del ciclo de entrevistas organizadas por AlmaNatura bajo la etiqueta #ActivismoRural.

Me llamó la atención lo que nos contaba Isabel en relación a los tres ejes prioritarios de las políticas del ministerio en el medio rural: jóvenes y mujeres; conectividad, digitalización e innovación; y las estrategias relacionadas con el regadío sostenible.  El mundo rural de nuestro país se caracteriza por estar despoblado, envejecido y masculinizado y por ello es prioritario desarrollar políticas estructurales globales en función de servicios, generación de empleo, conectividad, posibilidad de trabajo y posibilidad de ocio con el objetivo de atraer y fijar a los jóvenes y mujeres al medio rural y con ello dar un futuro viable a estas áreas. 

Estoy totalmente de acuerdo con la importancia y prioridad del desarrollo de estas políticas, y me gustaría añadir a estas prioridades el desarrollo de estrategias para mejorar la oferta y calidad de las viviendas en el mundo rural.

A través de Holapueblo, estoy comprobando la gran problemática que supone este factor en la fijación de población y lo complicado que les resulta a las personas interesadas en instalarse en el medio rural encontrar una vivienda adecuada a sus necesidades. En la mayoría de los casos, no hay mucha opciones entre las que decidir.

En Holapueblo trabajamos con personas interesadas en implantar su idea de emprendimiento en el medio rural y me resulta muy duro comprobar que, a parte de todas las dificultades que supone el emprendimiento en este medio, también se encuentren con obstáculos para encontrar una vivienda en la que instalarse, paso indispensable para poder avanzar en la implantación de su negocio. 

La mayoría de municipios son conscientes de que tienen un problema con la oferta de vivienda, puesto que muchas de las viviendas se encuentran abandonadas, en mal estado o sus propietarios no están interesados en su venta/alquiler

Pero los recursos están ahí, hay que pensar la manera de poder ponerlos en valor. De hecho hay muchos municipios que se han puesto manos a la obra y trabajan (junto con el apoyo de otras entidades) en varias estrategias orientadas a mejorar la oferta de vivienda. Algunas de ellas son:  

¿Por dónde comenzamos a crear una bolsa de vivienda rural?

Pero, pensando en la acción más directa, y ante la situación que estamos viviendo con el Covid-19 y el aumento de interés de las personas en instalarse en el mundo rural, considero que una de las acciones que más rápidamente puede revertir en esta problemática es la creación de una bolsa de vivienda. Se me ocurren algunos pasos para comenzar: 

Como he dicho, esto sería una buena manera de comenzar a trabajar en la problemática de la oferta de la vivienda y el municipio estará preparado para contestar en el menor tiempo posible a ese nuevo poblador que llegue al Ayuntamiento y pregunta por un lugar en el que poder instalarse. El municipio puede contar con más o menos recursos, las casas estarán en mejor o peor condiciones, el precio de alquiler puede ser elevado, etc. Pero, el simple hecho de poder ofrecerles esta información de manera casi inmediata a su consulta, les hará tener en cuenta dicho municipio como posible destino para su nueva vida.
Y por último, fundamental para conseguir fijar población en nuestros territorios, estar dispuesto a escuchar sus necesidades y acompañar a estos nuevos pobladores en el camino hacia una vida rural.

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El movimiento B Corp se convierte en un actor clave para superar la crisis económica y climática estructural a la que está dando respuesta desde hace más de una década, en el caso de AlmaNatura desde Diciembre de 2013 cuando nos convertimos en la primera B Corp Española.

Con presencia en los cinco continentes, las empresas B Corp trabajan desde 2006 para convertir la empresa en un agente generador de soluciones que contribuya a crear un sistema económico equitativo, inclusivo y sostenible. Este modelo propone una evolución del modelo capitalista corporativo, que implica configurar la empresa como un agente capaz de crear valor para múltiples grupos de interés -trabajadores, comunidades, proveedores y el planeta-, en lugar de crear únicamente valor económico de los accionistas. Otras entidades también han apoyado recientemente la necesidad de asumir un modelo de gestión que equilibre los beneficios económicos y sociales. Desde la Business Roundtable (BRT) hasta el reciente Manifiesto de Davos, se ha reivindicado que el propósito de la empresa no puede continuar siendo únicamente el de generar valor para el accionista. Las más de 3.240 compañías B Corp, de las cuales un récord de 650 se certificaron este 2019, ya han empezado a actuar. Entre ellas, hay firmas de renombre internacional como Patagonia, Ben & Jerry’s, Triodos Bank, Veritas o Ecoalf.

Presente en 70 países y 150 sectores distintos, el movimiento empresarial B Corp está dando respuesta a las problemáticas sociales y ambientales derivadas del sistema económico actual. Esta comunidad impulsa un modelo empresarial orientado hacia la creación de valor para el conjunto de la sociedad y el triple impacto -ambiental, social y económico-. Equilibrando el propósito social con el beneficio económico, las empresas B Corp como AlmaNatura cumplen con altos estándares de desempeño social y ambiental, transparencia pública y responsabilidad empresarial (en el último año nos convertimos en una de las mejores empresas para el mundo gracias a una puntuación de 154 puntos sobre 200). Asimismo, estas compañías incluyen en sus estatutos sociales el compromiso de velar por los intereses de los empleados, los proveedores, las comunidades y el planeta, además de los accionistas.

Cambio de paradigma empresarial

Hoy, la pandemia del COVID-19 ha generado la oportunidad para cambiar el paradigma empresarial y recuperar la confianza social en la empresa: apenas un 20% de la población confía en los líderes empresariales. Y lo cierto es que la ciudadanía, cada vez más consciente de que con sus decisiones de compra pueden contribuir a crear una economía más inclusiva, está dispuesta a premiar su compromiso: según datos de CircleUp/Helio, las B Corps han triplicado su crecimiento de ventas respecto al promedio de su sector. En España, el movimiento B Corp está en pleno crecimiento y listo para emprender el camino del cambio: según su Memoria Anual 2019, en tan solo 6 años se han unido a la comunidad B Corp en España más de 70 empresas que, en conjunto, han experimentado un crecimiento anual del 25% en su facturación y un 64% de ellas ha aumentado en más de un 25% su plantilla en el último año.

Specialisterne, WorldCoo, Flor de Doñana, AlmaNatura, Change.org, Hemper o Corresponsables son algunas de las que están en esta lista de líderes. B Corp no solo aporta a las empresas reconocimiento en los medios y entre la ciudadanía, sino que es un espacio colectivo de red, identificación y pertenencia que permite sumar esfuerzos para avanzar hacia una nueva era en la que las compañías contribuyan activamente al desarrollo sostenible y a la Agenda 2030 de las Naciones Unidas. Según Pablo Sánchez, director de B Lab Spain, “en el actual momento exige de una mayor responsabilidad colectiva de todos los agentes sociales y, sin duda, la empresa debe ser uno de los protagonistas que encabecen este cambio, demostrando que la justicia social y el beneficio económico no están reñidos”.

Sobre B Corporation

B Corporation es un movimiento global de personas que utilizan la fuerza de las empresas para resolver los problemas sociales y ambientales del siglo XXI. A diferencia de las empresas que sólo persiguen fines económicos, las empresas con la certificación B Corp cumplen con niveles elevados y verificados de desempeño social y ambiental, transparencia pública, responsabilidad legal y compromiso de impacto positivo. www.bcorporation.eu 

Sobre B Lab Spain.

B Lab Spain es el vehículo que incorpora España al movimiento global de B Corp. Desde sus inicios en 2014, la comunidad B Corp española cuenta con más de 75 empresas B Corp orientadas a generar impacto positivo. www.bcorpspain.es

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Por Bruno Pastor,

En algún momento hace unos miles de años nuestros antepasados neolíticos, como los que habitaban las colinas del Aljarafe, comenzaron a controlar las cosechas y a domesticar los animales. Poco a poco, a través de este largo proceso nuestros ancestros fueron tomando por primera vez algo de control sobre su destino. 

Esto dio lugar a una sociedad sedentaria y agrícola, capaz de controlar las cosechas y almacenar los excedentes: se trata  del origen de nuestra civilización. Fue entonces, hace unos 5.000 o 6.000 años, cuando nacieron las ciudades, como resultado de una condensación creciente de los núcleos de población que hasta entonces permanecían dispersos, formando una red e incrementando el flujo de materia, energía e información de la misma. 

La ciudad se comporta además como un catalizador de la economía, ya que permite la especialización de los individuos que las habitan en diferentes tareas, de manera más eficiente y organizada.

El físico y biólogo Ricard Solé compara la ciudad con un organismo enfrentado a un medio variable, ya que esta desarrolla una frontera bien definida con el exterior, lo que le ofrece el potencial de mantener la estabilidad frente a cambios externos, garantizando la supervivencia de sus habitantes más allá de los caprichos del clima o una mala cosecha.  

En términos energéticos, queda claro que las ciudades se comportan como sumideros de recursos y energía, y el mundo rural a su vez como fuente de los mismos.

La ciudad posee un metabolismo en un sentido bastante apropiado del término, ya que es posible cuantificar las entradas y salidas de energía y materia (…) la ciudad se comporta a menudo como un organismo vivo, en crecimiento y expansión, extrayendo energía de su entorno y cambiando a medida que envejece o se renueva (Ricard Solé, 2012: pg177).

De modo que el empleo de la energía y demás recursos en las ciudades va a determinar su éxito o fracaso.

En este punto estamos en condiciones de comprender una clave fundamental del problema: Nuestras ciudades modernas requieren flujos enormes de materia y energía para crecer y mantenerse. Esta demanda, siempre creciente, amenaza de manera cada vez más evidente con romper el frágil equilibrio entre los mundos rural y urbano, y en consecuencia, comprometer su propia supervivencia. 

Aunque si bien es cierto que las necesidades de nuestras inmensas ciudades pobladas por rascacielos son un hito en la historia de nuestra civilización, cuando observamos cálculos de realidades aparentemente muy alejadas de la nuestra, como la construcción del Coliseo de la antigua Roma, es posible que tomemos conciencia de la frágil naturaleza de este equilibrio.

Insostenibilidad urbana

La aceleración del desarrollo urbano, y el exponencial crecimiento demográfico de las últimas décadas, han permitido cosas positivas como el desarrollo de nuevas tecnologías. Pero si miramos más de cerca puede que lo que veamos nos perturbe, y es que muchas de las grandes metrópolis de nuestro planeta están formadas en su mayor parte por suburbios donde millones de personas malviven en condiciones lamentables. 

La globalización, si bien es cierto que ha traído algunas cosas positivas, como resultado último, y de la mano de una economía inhumana y feroz ha supuesto la depredación de los recursos naturales,  y en consecuencia el empobrecimiento de las sociedades rurales, lo que en muchos casos ha supuesto simplemente su destrucción. 

La búsqueda de oportunidades en estas grandes urbes suele ser un viaje solo de ida para muchas personas en todo el mundo, que dejan el mundo rural desesperadas, y en muchos casos resignadas a perecer en ciudades  dispuestas a devorarlas y regurgitarlas simultáneamente. Hay muchas ciudades que emergen de la nada, en muchos casos de manera artificial, como Hong Kong, Singapur o Dubai, con necesidades energéticas tan elevadas que solo pueden suplirlas con un comportamiento depredador y sin demasiados escrúpulos. 

Para abordar la problemática que azota al mundo rural es necesario tener una visión global del sistema que conforman los pueblos y las ciudades, observando cuál es el rol que juega cada uno en esta red de fuentes y sumideros de energía y recursos. 

Acostumbrados a vivir en un mundo de garantías, quizás muchos opten por adoptar una actitud de indiferencia hacia este problema, pero como ya hemos visto con la pandemia del Covid, el equilibrio que permite estas garantías es más frágil de lo que imaginamos, y descuidar esta problemática puede tener consecuencias devastadoras. 

Solo una gestión eficiente que contemple ambas realidades desde la sostenibilidad, será efectiva a la hora de restaurar el equilibrio y rediseñar el paradigma mundo rural-ciudad. Por el contrario, obviar alguna de las partes, como se ha venido haciendo con el mundo rural, puede suponer el colapso del sistema como lo conocemos, con consecuencias traumáticas e irreversibles.

Restaurando el equilibrio rural-urbano

Estos son 5 puntos clave para restaurar el equilibrio desde el mundo rural, siempre mirando al futuro: 

En este sentido, si se reorganizan los recursos productivos, algo que por otro lado es inevitable, y cambia el modelo de consumo, se fortalece la economía local. Si a esto se le añaden las nuevas formas de trabajar y formarse a distancia y en el ámbito digital, se podría alcanzar un nivel de especialización y eficiencia comparable al que antes solo ocurría en las ciudades. De esta manera gracias a las tecnologías esta especialización puede descentralizarse. Un fenómeno actual que ejemplifica esto son los denominados nómadas digitales: profesionales que tan solo necesitan de conexión a internet para trabajar y que por tanto no tienen por qué permanecer en un lugar. 

Esto último puede parecer obvio, pero por mucho que el nuevo modelo de mundo rural solucione sobre el papel los problemas del modelo anterior, si no se materializa en la forma de una promesa lo anterior es en vano, como la paradoja del árbol al que se lleva la tormenta pero nadie lo oye.

Como podemos observar todos estos puntos están en consonancia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Otra observación pertinente debido a los recientes acontecimientos, es que la pandemia del Covid-19 está terminando de poner los clavos en el ataúd de un modelo de producción y consumo que se encontraba precipitándose al vacío a cámara lenta, mientras todos éramos testigos, presentes de cuerpo pero a virtud de las corrientes de nuestro tiempo. 

La pandemia, como lo han hecho otros eventos devastadores similares a lo largo de la historia, ha actuado como catalizador de esta muerte anunciada. Y esta caída brusca e inesperada del telón ha dejado al desnudo la naturaleza parasitaria de algunos, pero también ha supuesto para otros una ruptura con la banalidad del mal que veníamos practicando con nuestra pasividad. 

En este nuevo mundo que dejará la pandemia el futuro es incierto, es un futuro abierto, y en el fondo solo tenemos dos opciones. Construir el mundo que soñamos desde la esperanza, o ser víctimas del miedo. Y esta elección determinará de manera irreversible el futuro de nuestra especie.

Fuente principal: Ricard Solé, Vidas sintéticas, 2012.

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Durante esta semana, GIRA Jóvenes “Impulsa el Cambio” ha cerrado una de sus etapas más emocionantes, evaluando todos los proyectos de innovación social que, los jóvenes participantes de esta primera edición, han puesto en marcha para mejorar las vidas de sus vecinas y vecinos del pueblo. Para poner en marcha estos proyectos, han contado con la colaboración de entidades sociales o ambientales locales, las cuales les han propuesto un reto que resolver a través de sus proyectos.

Desde que la formación comenzó en el mes de noviembre de 2019, GIRA Jóvenes ha pasado por nueve centros educativos de Formación Profesional de pueblos de Sevilla, Huelva, Badajoz, Cáceres y Ciudad Real, fomentando la capacidad que tienen los jóvenes que estudian en ellos de generar transformación personal y social.

GIRA Jóvenes “Impulsa el Cambio” es algo más que un proyecto que impulsa la empleabilidad juvenil, pues ofrece un espacio de aprendizaje donde entrenan sus habilidades y competencias personales, y además diseñan su propio futuro profesional mientras mejoran el futuro del entorno que les rodea convertidos en agentes de cambio.

A través de las sesiones de formación presenciales realizadas en los municipios, los jóvenes han podido descubrir nuevos yacimientos de empleo en sus pueblos relacionados además con sus estudios. Los proyectos de innovación social que han puesto en marcha demuestran cómo el entorno rural, sus propios pueblos, son lugares con grandes oportunidades para los y las jóvenes, y que podrían hacer de la solución a las problemáticas que el entorno presenta, su futuro laboral.

Una vez realizados los proyectos, un jurado especializado se ha encargado de evaluarlos y realizar la selección de siete de ellos, cuyos artífices recibirán una experiencia transformadora que les ayudará a seguir entrenando sus habilidades y competencias para adentrarse en el mundo laboral. La selección de los proyectos se han hecho bajo los criterios de: coherencia, replicabilidad, desarrollo, innovación, sostenibilidad e impacto; criterios que recogen de forma integral todas las partes del proyecto y tienen como referencia los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Proyectos ganadores 1ª Edición GIRA Jóvenes “Impulsa el Cambio”

“Desayuna con nosotros: En el cole como en casa”

Ganadores GIRA Jovenes

“¡Un recreo para tod@s!”

Ganadores GIRA Jovenes

“Donde Vivo Compro”

Ganadores GIRA Jovenes

“Autónom@s”

Ganadores GIRA Jovenes

¿Te atreves con la inclusión social?

Ganadores GIRA Jovenes

“Vivir en sociedad con la tercera edad”

Ganadores GIRA Jovenes

“Vive Calatrava”

Ganadores GIRA Jovenes

A través de todos estos proyectos, no sólo se ha conseguido sensibilizar a los y las jóvenes sobre la importancia de su participación a nivel local para minimizar los problemas sociales y ambientales del entorno, sino que, además, han podido ver cómo el pueblo puede ser una opción de futuro para ellos. Conociendo los retos que sus pueblos presentan y convirtiéndolos en oportunidades, los y las jóvenes pueden tomar las riendas tanto de su futuro como el del pueblo, ayudando así a la retención del talento en los entornos rurales.

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